Lobo-Guerrero: "Las redes sociales han favorecido el ascenso de líderes populistas"

Catalina Lobo-Guerrero es una de las autoras de "Esta democracia no es democracia", el nuevo libro de OjoPúblico y Penguin Random House, que analiza el deterioro democrático en América Latina. En esta entrevista, la periodista colombiana advierte sobre la irrupción de liderazgos populistas aupados por los cambios tecnológicos y las redes sociales. Además, habla sobre el reciente fallo condenatorio contra el expresidente Álvaro Uribe, y cuáles podrían ser sus efectos en las próximas elecciones legislativas y presidenciales de 2026 en su país.

DESAFECCIÓN. Lobo-Guerrero señala que la democracia no ha sido garantía para el disfrute de derechos sociales y económicos de millones de personas en el mundo.

La periodista colombiana Catalina Lobo-Guerrero señala que los cambios tecnológicos y las redes sociales son mecanismos disruptores de la democracia, que han favorecido el ascenso de liderazgos populistas, no solo en América Latina, sino en todas partes. 

Lobo-Guerrero, una de las autoras Esta democracia no es democracianuevo libro de OjoPúblico y Penguin Random House—, evalúa también lo que ha sido, hasta ahora, la gestión del presidente Gustavo Petro en Colombia. Además, habla sobre la reciente condena en contra del expresidente Álvaro Uribe, y los efectos que podría tener este fallo en las elecciones que se llevarán a cabo en 2026, en ese país.  

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El cambio tecnológico y las redes sociales han servido como mecanismo disruptor de la democracia".

Salió publicado el libro Esta democracia no es democracia, en el que participa con entrevistas a actores políticos y académicos. ¿Cómo evalúa el estado de la democracia en América Latina? 

Si bien hay cosas que son más propias de la región, en general, el cambio tecnológico y las redes sociales han servido como mecanismo disruptor de la democracia y también han favorecido el ascenso de líderes populistas de izquierda o de derecha, en todas partes. 

El sistema de la democracia representativa liberal y sus instituciones están cada vez más deslegitimadas y eso dificulta que la gente confíe en ellas. Eso favorece la llegada de outsiders, que prometen recetas mágicas y cambiar todo. Hay otras amenazas, como el crimen organizado a nivel transnacional. 

Y, además, en América Latina hay profundas desigualdades. La democracia no ha sido, necesariamente, una garantía de disfrute de derechos sociales y económicos para millones de personas en el continente.

¿Quiere decir que existe desafección frente la democracia porque no ha terminado de cubrir los vacíos sociales y económicos de la gente? 

Sí, claro. Y también hay una crisis profunda frente al sistema político y a los liderazgos políticos tradicionales. Los partidos están en crisis. Si se miran las encuestas del Latinobarómetro, más del 50% de la población de los países de la región ya no cree en ellos. 

¿Y cuáles son los peligros para la democracia que son más propios de América Latina? 

Todo el tema del crimen organizado, los grupos armados ilegales, las economías ilegales. En Colombia y Perú el tema del narcotráfico, la minería ilegal, la madera ilegal es algo tremendo. Eso se combina con altísimos niveles de impunidad.

Este deterioro democrático, ¿se ha acentuado en los últimos años o viene desde mucho más atrás? Me parece que hay un mayor pesimismo ahora. 

Depende qué tan atrás nos vayamos. Si miramos cómo era América Latina en los años 70, en varios países había dictaduras. Luego, viene un periodo con un poco más de optimismo en algunas democracias de la región, con nuevas constituciones que buscaron como ampliar la posibilidad real de participación de sectores excluidos. 

Eso pasó, por ejemplo, en Colombia, con la Constitución del 91. Pero después empiezan a verse algunos síntomas de que esas democracias no funcionan tan bien. En Venezuela eso permite la llegada de Hugo Chávez. 

La democracia representativa liberal y sus instituciones están cada vez más deslegitimadas".

En 1998.

Sí, correcto, con un desprestigio de los partidos tradicionales, de las instituciones, de las cortes. Con Chávez se inaugura este periodo en el que empiezan a llegar al poder una cantidad de líderes que son muy críticos del establishment y que, con carisma y a punta de ofrecer un liderazgo fuerte, llegan al poder. Y los hay de izquierda y de derecha. 

El populismo tiene una larguísima historia en América Latina, desde sus expresiones más clásicas, como las de Getúlio Vargas, Perón, Haya. ¿Qué le preocupa del populismo como expresión política?

El tema de las instituciones. O sea, el populista es el líder máximo, el líder supremo, y trata de conectar directamente con el pueblo y no quiere intermediarios. 

¿Qué favorece que haya más populistas en todas partes? Las redes sociales y los medios de comunicación permiten una comunicación directa de tú a tú con el ciudadano, o lo que ellos llaman el pueblo, que es una figura que sirve para todo.

Claro, entra lo que sea en esa categoría.  

Y empiezan a deslegitimar cada vez más a las instituciones, una vez llegan al poder. Y, si bien hay populistas que son más o menos benignos, que no son tan nocivos para la democracia, hay una tentación enorme de quererse quedar y, a menudo, se vuelven proyectos cada vez más personalistas.

Y, en la medida en que las instituciones pierden peso, el ciudadano queda indefenso ante un poder que se constituye, cada vez más, como algo que recae en los hombros de una sola figura. Eso no es sano para ninguna democracia. El populista tiende también a considerar a sus oponentes políticos, a los partidos de oposición…

Como enemigos. 

Como adversarios, y eso cambia el balance y el equilibrio. La polarización rompe la fibra social, el tejido social de un país.

El populista tiende, también, a considerar a sus oponentes políticos, a los partidos de oposición como adversarios". 

Y las redes sociales ayudan a intensificar esa polarización. 

Por eso. Entonces, todo es como un círculo vicioso y, creo, eso ayuda al pesimismo que usted comenta, de que vamos de mal en peor. 

¿Y usted es pesimista? 

Soy realista. No hay que ser ingenuos y, por eso, hay que ver cómo funcionan estos mecanismos políticos. 

En su libro Los restos de la revolución profundiza sobre la transición política venezolana tras la muerte de Chávez y la llegada de Nicolás Maduro. ¿Cuál diría que es la imagen, hoy, de Chávez en Venezuela?

Es una buena pregunta que no, necesariamente, me atrevo a contestar porque hace años que yo no estoy dentro de Venezuela. Lo que sí le puedo decir es que hubo una instrumentalización de su figura, su legado, y de lo que representó para millones de personas. 

De manera llamativa, aunque Chávez ya estuviera muerto, las encuestas seguían midiendo su popularidad y, a veces, superaba el 50%, lo que refleja que, para muchos, él siguió, de alguna forma…

¿Presente?

Presente. Y su figura empieza a aparecer en todas partes, en vallas, en lemas, en la papelería oficial. Hugo Chávez fue un mito y el “madurismo” lo instrumentalizó para tratar de hacer sostener ese proyecto autodenominado revolucionario. 

Ahora, ¿qué tanto ha permanecido la buena imagen de Chávez? Yo diría que, entre algunos sectores, puede todavía sobrevivir esa imagen más o menos favorable. Pero, en otros, tienen clarísimo que todo el deterioro empezó también por él.

Venezuela es una dictadura sostenida sobre el aparato militar". 

¿Cree que la oposición venezolana en un plazo mediano, al menos, puede impulsar un cambio político en Venezuela?

Lo intentaron el año pasado en las elecciones del 28 de julio. Se organizaron como nunca para cuidar el voto, hicieron toda una estrategia de resguardo de las actas oficiales de votación y pudieron demostrar que, en realidad, habían ganado.

Pero el Consejo Nacional Electoral dio como ganador a Maduro

Claro. 

Y el tema quedó ahí. 

Y el tema quedó ahí. Porque la realidad es que el Consejo Nacional Electoral, desde hace varios años, no es un árbitro electoral confiable. Esta es una de las variables clave para analizar en otros países de la región. ¿Hasta qué punto los árbitros electorales son confiables cuando se celebren elecciones? En el caso de Venezuela no lo es, y en el caso de Nicaragua tampoco. Y, en el caso de [El Salvador, con] Bukele, lo mismo. 

Aunque, en el caso de Bukele, podemos coincidir en que es un presidente popular.

Correcto. 

Pero a lo que iba en el caso de Venezuela es que, a pesar de todo lo que hicieron, no pudieron… 

No pudieron cobrar, como dicen ellos. De alguna forma, creo que eso sí fue una parte que falló en la estrategia. Está muy bien vigilar el voto, incentivar la participación popular, y esa parte funcionó muy bien. El día después funcionó muy mal, porque empezó una represión brutal, incluso contra quienes habían sido testigos de mesa o líderes que fueron muy activos en esta parte de la organización. 

Lo cierto es que la oposición no tuvo cómo ayudar a proteger a esta cantidad de personas. Faltó preguntarse: "Y si no podemos cobrar, ¿que sigue después?, ¿cómo se hace resistencia?" O sea, están apostando, todavía, a que el quiebre venga de adentro, a que los militares den un golpe. Eso no se ve por ningún lado todavía. 

Venezuela es una dictadura sostenida sobre el aparato militar. Los militares, en Venezuela, tienen el control de algunos de los recursos más importantes, de las empresas del Estado más importantes, de los ministerios estratégicos.

Uribe es una figura que polariza". 

En su país, Colombia, el expresidente Álvaro Uribe fue hallado culpable por fraude procesal y soborno a testigos. ¿De qué manera puede influir este hecho en las elecciones del año entrante? 

Desde antes de que se conociera el fallo, ya había una postura muy polarizada. 

Uribe es el Fujimori colombiano. 

Totalmente. Hay sectores de la sociedad colombiana que lo siguen viendo como un gran líder, un gran presidente, y añoran su estilo de gobierno, su mano dura. Y hay otros sectores que te dicen que es un paramilitar y un violador de derechos humanos. 

Uribe es una figura que polariza y, si bien ya está un poco mayor y ha estado un poco retirado de la vida pública, sigue siendo influyente. Y en Colombia se dice que el candidato del Partido Centro Democrático, que es el que agrupa al “uribismo”, será el que diga Uribe. No sabemos quién va a ser esa figura aún.  En octubre van a haber algunas consultas internas en los partidos, y ahí es donde se debe definir si eso es un dedazo…

A lo mexicano. 

A lo mexicano, o si es una consulta interna en donde los mismos votantes y quienes militan en esos partidos van a escoger a los candidatos.

¿Y cuál podría ser el impacto de esta sentencia contra Uribe en las posibilidades del “petrismo”?

Esta mañana leí un artículo en El Espectador acerca del senador Iván Cepeda, que es justamente el que denuncia a Uribe y que es visto por los sectores progresistas y democráticos como un tipo muy valiente. Siento que, de pronto por este fallo, puede ganar popularidad y, si acepta, ser una opción desde el lado de la izquierda.

¿Cómo definiría el proceso que ha encabezado Gustavo Petro en su país? 

Una cosa es lo que él prometió. Su motor de campaña era el cambio, él era el candidato del cambio.

¿Petro representó un cambio real? En estilo y en forma de gobernar, sí. En adoptar este modo populista y confrontacional, sí". 

Todos prometen el cambio, en realidad. 

Todos prometen eso, sí, pero incluso el lema oficial era “este es el Gobierno del cambio”. ¿Y cuál es el cambio que realmente ha habido? Primero, cambiar un país en tres años es bastante complicado, hay cosas que son estructurales, que son muy difícil [de] transformar. 

Si bien el Gobierno de Petro ha pasado algunas reformas tributaria, pensional, laboral, prometió una reforma de la salud y que, afortunadamente, no pasó, porque fue mal planteada, su Gobierno también ha tenido escándalos de corrupción. Entonces, ¿Gustavo Petro representó un cambio real? En estilo y en forma de gobernar, sí. En adoptar este modo populista y confrontacional, sí.

¿Para mal?

Sí, para mal.

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