DECLIVE. La captura de choros se desplomó en los últimos 10 años, el lenguado enfrenta una reducción de su talla.

La depredación del lenguado y el choro amenaza platos bandera de la cocina peruana

La depredación del lenguado y el choro amenaza platos bandera de la cocina peruana

DECLIVE. La captura de choros se desplomó en los últimos 10 años, el lenguado enfrenta una reducción de su talla.

Foto: OjoPúblico / Xilena Pinedo

Entre 2016 y 2025, la extracción nacional del choro cayó de 3.682 a 712 toneladas. En Tacna y Moquegua la extracción ha sido prohibida durante todo 2026 para permitir su recuperación. En el caso del lenguado, estudios científicos advierten una disminución en las tallas y una mayor presión sobre ejemplares juveniles. La sobrepesca, la contaminación y la débil fiscalización están detrás del deterioro de estas dos especies emblemáticas para la gastronomía peruana.

22 Febrero, 2026

Los veranos de choritos a la chalaca y ceviche de lenguado después de un día de playa son, ahora, historia. Pescadores, cocineros y comerciantes coinciden en que estas especies han disminuido de forma sostenida desde fines de los años 90, tanto en tamaño como en disponibilidad.

“Encontrar unos lenguados de cinco o seis kilos, que en la cocina llamábamos tablones, era normal hace 30 años. Hoy, ya no hay”, cuenta Héctor Solis, chef de dos de los restaurantes más reconocidos por el uso de insumos marinos, Fiesta y La Picantería. “Y lo poco que llega de choros, ahora, no siempre está en buenas condiciones, huelen mal. Ojalá se recupere esa especie, porque hay platos que dependen de ella”, agrega.

Los registros históricos de desembarque del Ministerio de la Producción (Produce) confirman que la extracción de choros cayó abruptamente: mientras que, entre 1970 y 2009, las capturas rondaban las 10.000 toneladas, en 2025, apenas se registraron 712 en todo el litoral.

“Los estudios realizados han evidenciado una disminución en la talla promedio de los individuos y en la biomasa disponible del recurso choro en determinadas zonas, especialmente en el sur del país”, explicó el Instituto del Mar del Perú (Imarpe) a OjoPúblico.

Desde Cabo Blanco, en Piura, hasta Ilo, en Moquegua, pescadores cuentan que estas dos especies no han vuelto a ser abundantes en más de dos décadas”.

En el caso del lenguado, los reportes de Produce evidencian que, hasta 1995, las extracciones anuales podían superar las 1.000 toneladas. Desde entonces, las cifras cayeron, con una captura máxima de 624 toneladas, en 2012, y una mínima, de 142 toneladas, en 2014. En los últimos dos años, las cifras estuvieron entre 452 toneladas y 366.

¿Las causas? Respecto al lenguado, existe una mezcla de factores detrás de su reducción. Estos incluyen la contaminación por petróleo en las costas de Lima, la dificultad para capturarlo, el incremento de las temperaturas del agua, así como la introducción de nuevas especies en la cocina peruana.

“La hipótesis es que, previo al boom gastronómico, en los 90, los peruanos teníamos una idea más limitada de qué cosas eran las que se consumían cuando salías. Pero, con el boom gastronómico, empieza a haber una mayor diversificación y responsabilidad y, ahí, introducen la pesca del día y algunos chef incluso dejan de trabajar con el lenguado”, explica Juan Carlos Sueiro, director de Pesca de la organización Oceana.

En el caso del choro, los informes técnicos del Imarpe han advertido poblaciones reducidas, elevada mortalidad por pesca y una alta proporción de individuos por debajo de la talla mínima de captura.

 

El choro “se encuentra en una condición de recurso en recuperación en todo el litoral peruano desde el 2018 (...) Según las evaluaciones del Imarpe, este recurso hidrobiológico en los bancos naturales de Moquegua y Tacna se encuentra en una condición biológica vulnerable”, detalló Produce a este medio. Por eso, la entidad ha prohibido la extracción de esta especie en Tacna y Moquegua durante todo 2026.

Ante la consulta sobre si existen otras regiones con un riesgo similar, el Imarpe precisó que Ica (Pisco y Marcona), Arequipa, Moquegua y algunos sectores de Lima, como el Callao, son áreas “donde el recurso presenta mayor vulnerabilidad o donde podrían generarse condiciones de riesgo en el corto plazo”.

Pescadores de la costa limeña confirman la crisis. Héctor Samillán, conocido como "Eco" en el puerto de Ancón, admite que, durante mucho tiempo, se extrajeron choros sin reparar en su capacidad de regeneración.

“Hace años, por falta de conocimiento, los arrancábamos y escogíamos los grandes, y los que eran chiquitos lo botábamos, haciendo un daño, porque eso ya no se podía prender en una peña. Pero, si nosotros hubiéramos sabido, íbamos y cogíamos lo más grande nada más. Hoy en día, ya no hay. Se ve uno acá, el otro lejos”, relata.

Pescadores en el muelle de Ancón
ESCACEZ. En el muelle de Ancón, pescadores registran menores capturas de lenguados y ninguna de choros, lo que evidencia la sobrepesca y contaminación que afectan estas especies emblemáticas.
Foto: OjoPúblico / Xilena Pinedo

 

A la sobrepesca se suman factores menos controlables y difíciles de cuantificar, como la contaminación. Un estudio, publicado en diciembre de 2025, sobre el derrame de petróleo de Repsol de 2022 concluyó que el vertimiento de crudo “impactó directamente los ambientes marino-costeros entre Ventanilla y Ancón”, y que las concentraciones de metales como plomo, cobre, zinc y arsénico superaron los niveles de fondo establecidos por la autoridad ambiental.

En Marcona, el pescador Washington Espinoza atribuye la desaparición de bancos de choro al incremento de la presencia de algas marinas, asociadas, a su vez, a la actividad minera y portuaria. “Proliferan las algas e invaden las áreas donde estaban los choros”, dice.

Jenny Pizarro, quien trabaja en Marcona recogiendo estas algas, señala que también se están perdiendo las pozas de lenguado, producto de la expansión minera. “La contaminación es terrible. Por eso, los recursos se están acabando. Más la manipulación de los pescadores, ya casi no encontramos los bancos naturales”, agrega.

Desde Cabo Blanco, en Piura, hasta Ilo, en Moquegua, pescadores cuentan que estas dos especies no han vuelto a ser abundantes en más de dos décadas. “Los lenguado casi nada. Choros no tenemos. Después de 1982, donde hubo unos días de pesca de lenguado, ya no se ha visto”, recuerda Carlos Chapilliquén, presidente del gremio de pescadores de Cabo Blanco.

 

El declive del choro

En las costas de San Juan de Marcona, en Ica, Washington Espinoza recuerda la masiva presencia del choro con nostalgia. “El choro ya es historia en Marcona. Aquí abundaba anteriormente”, dice. Esta zona se encontraba entre los principales desembarcaderos de la especie, según un análisis de las descargas realizadas entre 2001 y 2012.

Los registros oficiales confirman la percepción de Espinoza. El tablero pesquero de Produce muestra que, entre 2016 y 2025, la extracción nacional del choro cayó de 3.682 a 712 toneladas. Es decir, 80% menos.

Las regiones con mayor desembarque en la última década fueron Moquegua (6.490 toneladas), Ica (4.733), Tacna (2.465) y Arequipa (2.345). Lima apenas registró 88 toneladas en ese periodo y, desde 2022, no reporta extracción alguna. En el Callao, no hay registros desde 2020.

“Ya no hay choro como antes. Ahora, tenemos que migrar a las partes de las playas del sur, donde sí hay un poco. Pero también hay bastantes algas marinas”, describe Juan Altamirano, pescador de la playa de Costa Azul, en Ventanilla.

Choros del laboratorio de Imarpe en Ilo
ESCASEZ. Los bancos de choro registran menos extracción y ejemplares más pequeños a lo largo del litoral peruano.
Foto: Imarpe

 

El documento más reciente sobre la situación del choro elaborado por Imarpe, al que OjoPúblico tuvo acceso a través de un pedido de información, revela que dos de las principales zonas de extracción de la especie, Moquegua y Tacna, presentan señales claras de deterioro del recurso.

En Ilo, una de las áreas pesqueras más importantes de Moquegua, los indicadores muestran que no solo se está extrayendo menos choro, sino que, cada vez, cuesta más encontrarlo. El reporte recoge que los pescadores deben invertir más tiempo y esfuerzo para obtener una cantidad menor. Esa tendencia se ha mantenido durante la última década.

En Tacna, la caída fue especialmente marcada entre 2014 y 2020. Aunque en los últimos años hubo una leve mejora, los datos no muestran una recuperación sólida ni estable. Además, el informe señala que el tamaño de los ejemplares se ha reducido.

En Ilo, la talla más frecuente pasó de 75 milímetros, en 2010, a 57 milímetros, en 2021. “Se incrementó la proporción de individuos por debajo de los 65 mm, alcanzando el 87% en Camaná y el 50,3% en Ilo, en el 2025”, detalló la entidad a este medio. En Tacna ocurre algo similar: la mayoría de ejemplares ronda los 60 milímetros, también por debajo del límite permitido.

El choro, en el litoral de Moquegua y Tacna, ha estado sometido a una intensa presión pesquera, lo que ha derivado en un estado crítico de su población".

“En ambas zonas se está extrayendo el recurso antes de que alcance su madurez óptima. El recurso choro Aulacomya atra en el litoral de Moquegua y Tacna ha estado sometido a una intensa presión pesquera, lo que ha derivado en un estado crítico de su población (...) El stock no presenta señales claras de recuperación biológica", concluye el Imarpe.

Las causas de esta situación son múltiples, pero apuntan principalmente a la presión extractiva. Un estudio sobre pesca artesanal en Tacna y Moquegua, realizado entre 2012 y 2017, determinó que la actividad influyó significativamente en la sostenibilidad de la especie.

“Se considera que existe una tendencia a una sobreexplotación del recurso. Se evidenció ‘presencia de alteraciones’, al obtener tallas menores a 65 mm en un 68,75%”, resaltan los autores. Además, en 2018, el Imarpe concluyó que el choro se encontraba en niveles de sobreexplotación a lo largo del litoral sur.

A esta situación, según Washington Espinoza, se suma la proliferación de macroalgas producto de la actividad minera y portuaria en el sur del país. “El exceso de minerales, hierro principalmente, hace que crezcan un montón”, explica.

 

Sin embargo, para Juan Carlos Sueiro, director de Pesca de Oceana, no existe evidencia científica concluyente que vincule la acidificación o la crisis climática con el colapso específico del choro en estas zonas.

“Hay una afectación general cuando el agua se está acidificando. Todas las cosas que tengan exoesqueletos, como los cangrejos y el choro, van a ser más difíciles de desarrollarse en un agua más ácida. Pero no he visto ninguna evidencia de que esta afectación esté ya manifiesta con el choro en específico”, resalta.

Mientras permanece en condición oficial de recuperación desde 2018 y con prohibiciones específicas vigentes en Tacna y Moquegua para 2026, en los últimos 15 años, Produce emitió solo dos resoluciones sancionadoras contra dos restaurantes arequipeños por incumplir las vedas de choros, según información a la que accedió OjoPúblico por la Ley de Transparencia.

 

El lenguado disperso

El caso del lenguado es distinto. Su pesca requiere experiencia y conocer los bancos en los que se esconde debajo de la arena. “A veces, solo ves el ojito”, cuenta Hugo Roque, buzo a pulmón del puerto de Ilo, en Moquegua.

El pescador señala que, con los años, se aprende a distinguir la forma bajo la arena y a clavarla con precisión antes de que escape. Pero su disponibilidad ha cambiado. “Antes, en los años 90, en una hora, sacabas 40 o 50 kilos. Había bastante. Ahora, pescas cuatro o seis ejemplares. Unos 20 kilos con suerte”, dice.

La reducción de la disponibilidad se refleja en los puestos de mercado. En el muelle de Ancón, la comerciante Inocencia Yuque exhibe los únicos dos lenguados que le llegaron el sábado 7 de febrero por la mañana. “Desde el año pasado encontramos menos”, explica. Lleva más de 10 años vendiendo lenguado y asegura que el público ya no lo pide como antes.

Venta de lenguado y otros pescados en el terminal pesquero de Ancón
REDUCCIÓN. Entre 65% y 90% de los lenguados analizados en puertos y mercados de Lima eran juveniles, muy por debajo de la talla mínima permitida.
Foto: OjoPúblico / Xilena Pinedo

 

De acuerdo con fuentes consultadas, aún existen stocks, pero están dispersos y la información científica es limitada. El Imarpe confirmó a OjoPúblico que el último análisis se hizo en 2018, con el objetivo de “conocer más acerca de su biología”.

Este muestreo generó un informe técnico, en 2019, y una publicación adicional, en 2021. Sin embargo, indicaron que no cuentan con información histórica desagregada sobre la biomasa del lenguado que permita “afirmar una tendencia histórica de biomasa para esta especie en particular”.

“Es una pesquería con datos escasos. El lenguado está geográficamente disperso en pequeños stocks locales frente a Piura, Lima, Arequipa o Ilo. No hay una información consolidada como ocurre con la anchoveta”, explica Juan Carlos Sueiro.

Fuentes del sector explican que la introducción de nuevas especies en la cocina peruana y el concepto de pesca del día impactaron en la reducción del consumo del lenguado. El chef Héctor Solís recuerda que este pescado fue el predilecto para el ceviche limeño hasta los años 90 e inicios del 2000. Luego, llegaron otras opciones como el mero murique y la cabrilla y, también, otras más económicas.

Lo claro es que la oferta del lenguado ahora es mucho menor, pero la oferta depende del stock que hay", dice Juan Carlos Sueiro. 

Sueiro coincide en que la demanda bajó, pero advierte que eso no significa que no haya presión sobre el recurso. “La oferta del lenguado ahora es mucho menor, pero la oferta depende del stock. Yo puedo tener muchas ganas de lenguado, pero si no hay, no hay”.

Los datos de Produce muestran que, entre 2016 y 2025, las cifras de extracción de lenguados se han mantenido estables en el ámbito nacional, con diferencias entre regiones. Las que concentraron más en ese lapso fueron Tumbes (1.451,5 toneladas), Ica (555,8), Ancash (434), Lima (312,2) y Piura (303,6). En Callao ha disminuido hasta casi desaparecer: pasó de 5,4 toneladas, en 2016, a apenas 0,3, el año pasado.

En las costas de Lima, la desaparición del lenguado y otras especies se vincula a la contaminación, principalmente, por el derrame de petróleo de la empresa Repsol ocurrido el 15 de enero de 2022.

 

“Cuando sucedió el derrame de petróleo, todo cambió. Ya no hay la misma pesca, ya no existen las temporadas de pesca. Antes, usted llegaba y no tenía la necesidad de meterse, porque en la orilla usted recogía el muy muy, por ejemplo. Ha desaparecido todo eso”, cuenta Juan Altamirano.

El pescador, que ha trabajado en la playa Costa Azul, en Ventanilla, por 27 años, resalta que la contaminación todavía está presente y que no hay acciones concretas de remediación.

“La empresa no ha descontaminado, solamente está haciendo un monitoreo. Eso quiere decir que navegan y, si ven una mancha, la recogen. Han dejado que se limpie con el tiempo, a través de la naturaleza, pero eso va a demorar, por lo menos, 15 a 20 años. Eso es un tramo muy largo, y nosotros, que vivimos de la pesca, ya no podemos pescar acá”, se lamenta.

Juan Altamirano, miembro de la Asociación de Pescadores de la playa Costa Azul, en Ventanilla.
DESAPARICIÓN. Juan Altamirano recuerda que los choros cada vez son más pequeños y escasos, y que el derrame de Repsol en Ventanilla afectó su extracción.
Foto: OjoPúblico / Xilena Pinedo

 

Lo que sí resaltan los especialistas y reportan algunas investigaciones es que las tallas de captura del lenguado han disminuido. Pese al problema, en 2022, el Produce redujo la talla mínima de captura de 50 centímetros —medida estipulada por más de 20 años— a 38 centímetros.

De acuerdo a la cartera, esto se debió a que “estudios [del Imarpe] indican que la talla de primera madurez gonadal del lenguado es de 33 cm”. Para Sueiro, en cambio, esa modificación es “un indicador estándar de recursos que están sujetos a una pesca más intensa que su capacidad de reproducción”. Estudios en puertos y mercados mayoristas han encontrado altos porcentajes de ejemplares por debajo de la talla mínima.

El Imarpe explicó que, aunque la información disponible para el análisis histórico de la estructura de tallas es limitada, los datos indican que la talla media anual de las capturas se situó alrededor de los 35 cm de longitud total. Pese a que esta medida es inferior a la talla mínima actual (38 cm), afirmaron que, “para el periodo 1983 a 2018, no se observaron reducciones abruptas ni cambios drásticos en las tallas extraídas que permitan concluir una disminución sostenida en este indicador”.

Una investigación realizada por la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, en Lima, detectó que entre 65% y 90% de las especies evaluadas, entre ellas el lenguado, eran juveniles. Pese a eso, en la última década, no se han impuesto sanciones por extraer lenguados más pequeños que lo permitido, y solo hay una vinculada a la comercialización del recurso en tallas bajas.

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