Del Solar: "Tenemos que ser cuidadosos con el voto para un todopoderoso Senado"

En entrevista con OjoPúblico, el expresidente del Consejo de Ministros y director de cine Salvador del Solar analiza la coyuntura política. Habla sobre el fallo que archiva la acusación iniciada por el cierre del Congreso en 2019, ofrece sus impresiones acerca de las próximas elecciones y advierte que está en juego la capacidad de resistencia de la sociedad peruana ante la cooptación de instituciones débiles, no solo por parte de intereses particulares sino, incluso, criminales.

DESBALANCE. El expremier Salvador del Solar señala que el Congreso ha cambiado las reglas de juego para fortalecerse de manera indebida, especialmente al próximo Senado.

Video: OjoPúblico / Gabriel García Barandiarán

El actor y expresidente del Consejo de Ministros Salvador del Solar dice sentir como una reivindicación la decisión de la Primera Sala Constitucional de Lima de declarar nula y archivar la acusación constitucional que le inició el Congreso por la cuestión de confianza del 30 de setiembre de 2019. 

Además, en entrevista con OjoPúblico, declara que el actual Legislativo ha perpetrado un "abrumador cambio de reglas de juego", que ha pretendido fortalecerlo "de manera drástica, indebida, insensata". Añade que, como nunca, los peruanos debemos ser muy cuidadosos con nuestro voto el año que viene.

Puede revisar la entrevista completa en nuestro canal de Youtube y en este enlace.  

Si tengo que ser sincero, las elecciones me generan mucha más preocupación que entusiasmo". 

La Primera Sala Constitucional de Lima declaró nulo y ordenó archivar el procedimiento de acusación constitucional que inició el Congreso en su contra por la cuestión de confianza del 30 de setiembre de 2019. ¿Se siente reivindicado con esta decisión?

En realidad, sí. Pero no puedo dejar de mencionar que no ha existido, en ningún momento, en términos jurídicos, ni la más mínima grieta por donde pudiera colarse algo parecido a un argumento en favor de las pretensiones de los denunciantes. Es decir, esto ha sido un atropello desde su inicio. Por lo tanto, sí, me siento reivindicado.

La resolución, en resumen, plantea que, como el plazo para tramitar y sancionar la acusación constitucional caducó el 30 de setiembre de 2024, ya no tenía sentido referirse sobre las demás pretensiones que usted y su abogado habían presentado y que el caso, por lo tanto, quedaba nulo.

Exacto. 

Eso ha servido para que algunas personas afirmen que no es que usted sea inocente. Algo así como que, en realidad, a Salvador del Solar lo salvó la prescripción. ¿Qué responde frente a eso?

Aunque sea una cuestión técnica, la diferencia es grande. El plazo venció el 30 de setiembre [de 2024]. A pesar de eso, el Congreso insistió y dijo que, como el nuevo Congreso tras la disolución se reunió recién el 16 de marzo de 2020, el plazo debía contarse hasta el 16 de marzo [de 2025]. Ese argumento tampoco es válido, sin embargo, ni siquiera con esa fecha les alcanzaba. 

El caso caducó, pero, y esto es algo que pretenden perder de vista para confundir a la gente, nunca debió comenzar. El Tribunal Constitucional (TC) ya se había pronunciado al respecto. Era cosa juzgada, una garantía fundamental del derecho. En enero de 2020, el TC dijo que la cuestión de confianza y la disolución del Congreso se ajustaron a la Constitución y a la normativa entonces vigente. 

Por ejemplo, el congresista Alejandro Muñante escribió sobre usted: “Que quede claro, su exclusión no se debió a su inocencia, sino que se venció el plazo para juzgarlo”.

Es un argumento que también he visto. Es algo mezquino no reconocer la verdad, no porque sea mi opinión, sino porque lo ha dicho el TC. Afirmar "caducó el caso, pero no es inocente" es, en el mejor de los casos, de una ignorancia vergonzosa y, en el peor, de una mezquindad igualmente vergonzosa. 

¿Cuáles podrían ser las implicancias para otras personas involucradas en el mismo caso? Entre otros, el expresidente Martín Vizcarra.

Con el expresidente Vizcarra y el expresidente del Consejo de Ministros Vicente Zeballos, en tres demandas diferentes que se acumularon ante la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales (SAC), estamos involucrados en el mismo caso. Su pregunta me parece pertinente. Hay una diferencia fundamental respecto a la caducidad. Mientras que mi trabajo como ministro terminó el 30 de setiembre de 2019…

Con un poco de serenidad, ese Congreso no me habría cerrado la puerta que, además, nunca toqué, muchísimo menos pateé".

Ellos continuaron en sus cargos. 

No tengo en mente cuándo dejaron de ser presidente y ministro. Desde ahí, corren los cinco años de plazo. Lo que sí tenemos en común es el hecho de que esto fue revisado por el TC. Igual que en mi caso, nunca debieron ser arrastrados a la SAC. 

Ha obtenido una victoria judicial. Tengo una curiosidad histórica ahora que, por lo menos en esta instancia, el caso ha cerrado. ¿Estaba de acuerdo con la disolución del Congreso?

En el momento, conversé con el expresidente Vizcarra y le dije que entendía que había argumentos en favor de una disolución, que es facultad presidencial, no del premier. El propio Congreso declaró que otorgaba la confianza, aunque en los hechos se comportó como si la hubiera negado porque continuó con la elección de magistrados del TC, llevando el tema a un terreno ambiguo por mala fe o torpeza. 

El Congreso perfectamente pudo haber dicho “vamos a tomarnos unas semanas más y elegir a un TC con audiencias públicas”. No sé. Con un poco de serenidad, ese Congreso no me habría cerrado la puerta que, además, nunca toqué, muchísimo menos pateé. 

Esa es una versión bastante extendida, que usted pateó la puerta del Congreso. ¿Lo niega?

Es absolutamente falsa. Una vez vi una entrevista que hacía un periodista al hoy premier [Ernesto Álvarez] y esta fue su pregunta: “el video de Salvador del Solar pateando la puerta es una cosa ya inaceptable, ¿no?”. Y el señor Álvarez dice: “por supuesto que sí”. Ese video no existe. Además, no podría existir porque no existió ese acto. Sí, se golpeó la puerta desde dentro, no sé si por patadas o puños. Desde dentro había congresistas que querían que se abra la puerta y la golpearon. 

¿Para que usted entrara?

O para que ellos salieran. Recuerdo que lo primero que escuché fue al congresista Meléndez diciendo "quiero orinar", como si hubiera estado argumentando con el de seguridad, diciéndole: "¿es que no me vas a dejar ir al baño?". Si me lo permite, Enrique, quiero regresar a mi argumento: fue una torpeza enorme del Congreso. 

Si me hubieran recibido a la hora que me tocaba en lugar de hacerme esperar, si me hubieran hecho pasar en lugar de cerrarme la puerta, si me hubieran permitido leer mi discurso en lugar de darme solamente 10 minutos y si, efectivamente, nos hubiesen dado la confianza y se hubieran tomado unas semanas en hacer audiencias públicas para que la ciudadanía peruana viera qué tipo de personas querían presentar al TC y, luego, elegir, nosotros no habríamos tenido ni la más mínima posibilidad de bloquear algo así, ni siquiera de considerar la posibilidad de una disolución. 

Ante esa colección de torpezas del Congreso, consideramos que se había negado [la confianza]. No estoy rehuyendo a su pregunta, sino que estoy dando contexto.

¿Cuál fue su opinión, entonces?

Mi opinión fue: “señor presidente, a mí me parece que algo tan relevante, tan extremo…”. Porque las vacancias presidenciales, las disoluciones del Congreso están en nuestra Constitución, pero no para que sucedan, como ha venido ocurriendo, con este tipo de frecuencia.

[Vizcarra] me dijo algo así como que políticamente no podía estar buscando ese grado de impecabilidad jurídica y que debía actuar". 

Son bombas nucleares.

Sí. Mi opinión fue: “para que algo tan extremo se aplique, debiéramos tener una defensa jurídica impecable, inatacable, y me parece que no la tenemos debido a la mala fe del Congreso, que ha dicho que da la confianza cuando no la ha dado. Creo que eso se va a prestar a una discusión jurídica y creo, sin embargo, que, en esa discusión, el argumento de que usted tiene derecho a disolver el Congreso debiera prevalecer, pero se va a entrar en un terreno de una discusión así”.  

¿Y qué le respondió Vizcarra?

No sé si estoy parafraseando con mucha certeza, pero me dijo algo así como que jurídicamente me entendía, pero que, políticamente, no podía estar buscando ese grado de impecabilidad jurídica y que debía actuar.

Yo cubrí periodísticamente, no solamente la disolución, sino lo que ocurrió previamente. Recuerdo que reporteé reuniones no públicas entre el Gobierno, representado por usted, y líderes políticos para tratar de llegar a un acuerdo sobre el adelanto de elecciones propuesto en el mensaje presidencial de 28 julio. Luego, todo eso se desmoronó. ¿Cómo recuerda esos días?

Muchas veces perdemos la perspectiva y hablamos de pequeños detalles como si no hubieran sucedido en su contexto. Desde el Ejecutivo estábamos buscando una salida a lo que era, claramente, un impase político. Le hicimos notar a los parlamentarios cómo cada vez que nos habíamos encontrado ante una situación en la que el Ejecutivo no tenía mayoría en el Congreso ni capacidad de hacer una alianza, habíamos terminado con un golpe o un autogolpe. 

Por esa razón, propusimos ese adelanto de elecciones. La primera reacción del Parlamento fue virulenta. Después, poco a poco, se comenzó a generar un ambiente en el cual parecía posible dialogar con representantes de diversos partidos. Por supuesto, era una negociación en reserva. 

Luego, como dijo, todo se desmoronó porque la entonces presidenta de la Comisión de Constitución [Rosa Bartra] decidió avanzar y decidir rápidamente sobre el tema, casi sin dar réplica a congresistas integrantes de la propia comisión. Tiraron al tacho el proyecto de adelanto electoral.

No es una muestra estadística, pero en la Encuesta del Poder de 2025 usted lidera la lista de peruanos que deberían tener una mayor participación en política. ¿Le ha cerrado la puerta a esa opción de manera definitiva? No hablo de 2026, por cierto. Esas elecciones están a la vuelta de la esquina. Me refiero a una fecha posterior. 

Es lo que siempre he dicho y lo que sigo sosteniendo. Bajo la premisa de que las personas tenemos un terreno predominante, cosa que podríamos discutir, sentía que el de la política no es necesariamente el mío. Me siento cómodo en el terreno de la actuación, del teatro, de la dirección.  

¿Se sentía fuera de escena?

No sé si decir que me sentía “fuera del agua”. Sí sentía que podía hacer cosas y aportar, pero no sentía algo del tipo “por fin encontré mi lugar en el mundo”. No, no sentía eso. Si tuviera la naturaleza política que he encontrado en tantas personas, que me parece bien que la tengan, no habría desaprovechado la oportunidad de postular el 2021. 

Lo estoy generalizando, pero muchas personas aprovechan cualquier oportunidad para postular, sin rubor. ¿De verdad estás asumiendo que quieres postular a la presidencia del país, que es complejísimo, simplemente porque tienes un grado de popularidad? A mí me parece una irresponsabilidad. 

Si tuviera ese apetito, habría intentado postular ahora. Ya me siento más cómodo expresando, otra vez, mis ideas habiendo dejado totalmente en claro que no estoy buscando participar en política. 

Estamos viviendo las consecuencias de no haber tenido una reforma política".

¿Le quitó tranquilidad su participación en la política?

Siento que nunca he perdido la tranquilidad, afortunadamente, sabiendo que la política es un terreno complejísimo. Creo que hice un ejercicio de tratar de dialogar, de expresarme con respeto. Durante el gobierno de la presidenta Dina Boluarte, incluso con el presidente Pedro Castillo, nos acostumbramos a que el presidente no rinda cuentas, no hable con la prensa. 

Con todos los errores que se me puedan atribuir, porque tiene que haber lugar a la autocrítica, me siento tranquilo. Sí, he tenido que enfrentar cosas que son muy comunes para los políticos y son más comunes ahora, en la época de las redes sociales, como insultos que considero absolutamente gratuitos, o a gente que, simplemente, se siente autorizada a decirte o escribirte “golpista”. Y, luego, te acostumbras, pero no deja de dejar un concho de desazón, de tristeza. 

¿Qué autocrítica haría de su paso por el premierato? 

Creo que podría terminar siendo una lista muy…

¿Larga?

Larga. Es bien difícil entrar en el terreno de los contrafactuales, pero lamento muchísimo que hayamos fracasado en nuestro intento de sacar adelante la reforma política. Creo que estamos viviendo las consecuencias de no haber tenido una reforma política. No sé qué tanto podría haberlo hecho mejor, pero me hubiera gustado buscar más aliados, ser más efectivo en hacer de ese un tema de agenda del cual el Congreso no pudiera zafarse con la facilidad como lo hizo. 

El precio que hemos pagado por no tener una reforma política es alto. No sé si habría sido más astuto y político de mi parte hacer una cuestión de confianza de la reforma política tan pronto asumí. Consideré que era importante abrir un espacio de diálogo sin ningún tipo de presión.

¿Le costó recuperar su vida artística? La dejó en pausa durante esos años como ministro.

Sí, creo que no es tan fácil. Seguramente, personas que también han entrado al sector público viniendo del privado han encontrado que no es tan sencillo volver de inmediato, y me parece bien porque es un costo que uno asume. A mí, hasta ahora, me dicen “don Panta, Pantaleón” y, de pronto, lo político comenzó a ser un elemento que también definía de alguna forma mi identidad. 

No era fácil. Me he encontrado, luego, con amigos, amigas que me decían, "oye, yo pensaba que podías ser este personaje en esta obra de teatro o en esta película, pero ni siquiera se me ocurría proponértelo”. 

De manera descarada legislan en favor de intereses específicos, en algunos casos ilegales". 

¿Le generan algún entusiasmo las elecciones que vienen? 

Si tengo que ser sincero, las elecciones me generan mucha más preocupación que entusiasmo. Parte del daño que el Congreso le ha hecho al Perú es que la presidencia parezca irrelevante, que dé igual. Pero, debajo de esa aparente inercia, hay un malestar muy grande que se va a expresar y eso nos puede sorprender, aunque no necesariamente para bien. 

Como decía, más que entusiasta me siento preocupado porque, creo, las probabilidades van en el sentido de que terminemos con una situación muy parecida a la de ahora, con un Congreso fragmentado, sin ningún tipo de mayoría, muchísimo menos en favor del Ejecutivo. 

Por lo tanto, que terminemos con un planteamiento en el que, quien gane las elecciones, se vea en la necesidad de tomar uno de dos caminos: el de Vizcarra de oponerse al Congreso y tratar de conseguir el apoyo popular o el de Boluarte, de someterse al Congreso y buscar un equilibrio irrelevante y muy posiblemente dañino, porque tienes a un Parlamento todopoderoso dándole la espalda a cualquier tipo de preocupación ciudadana. 

Por supuesto, ni siquiera imaginamos la posibilidad de algún tipo de reforma que dé ilusión. Eso está fuera de la galaxia de nuestra imaginación. No solo le dan la espalda a la preocupación ciudadana, sino que realmente de manera descarada legislan en favor de intereses específicos, en algunos casos ilegales, o en absoluto desdén por la naturaleza y el medioambiente.  

Sin embargo, no se puede descartar que la gente mayoritariamente diga: “por quienes están en el Congreso en este momento y son los principales responsables de todo lo negativo que estamos viviendo ahora, no queremos votar” y busquemos algunas opciones más interesantes desde la derecha, la izquierda o el centro.

Me queda claro que por quiénes no piensa votar. ¿Deberíamos prestarle más atención a la elección presidencial o a la del Congreso? 

Nunca va a dejar de ser relevante la elección presidencial. Arrastramos una tradición presidencialista, hasta caudillista. Es parte de lo que podría llamarse nuestro ADN como sociedad. 

Pero, está muy claro, el abrumador cambio de reglas de juego que ha perpetrado este Congreso ha pretendido fortalecerlo de manera drástica, indebida, insensata, específicamente al Senado por encima del Ejecutivo e, incluso, del Poder Judicial, por más inconstitucional que esto sea. 

Como nunca antes, tenemos que ser cuidadosos con el voto que vamos a hacer para el Congreso y específicamente para un todopoderoso Senado.

¿Qué está en juego en estos momentos para el Perú? 

Está en juego nuestra capacidad como sociedad de resistir que las instituciones, ya antes débiles y precarias de nuestro Estado, sean cooptadas, no solo por intereses particulares, sino incluso criminales, y que crucemos una línea de no retorno.

Lo ha mencionado varias veces al expresidente Martín Vizcarra. Él está atravesando un juicio por presuntos casos de corrupción próximo a resolverse. ¿Qué opinión tiene de este caso?

Si no estoy mal, el juicio tendría que ver con actos de corrupción relacionados a su rol como gobernador de Moquegua, no durante su mandato como presidente.

Parte del daño que el Congreso le ha hecho al Perú es que la presidencia parezca irrelevante, que dé igual". 

Así es.  

Lo que he escuchado es que hay evidencia sólida, aunque no necesariamente definitiva. No estoy de acuerdo con las voces que quieren colocar al expresidente Vizcarra, muchísimo menos al expresidente Francisco Sagasti, como si fueran culpables de la terrible situación que vemos ahora. Me parece que eso es extremo e injusto, que es objetivamente impreciso. 

Pero, para mí, sí fue una decepción personal profunda lo que pasó con el tema de las vacunas. Yo ya no estaba en el Gobierno, me fui meses antes de que pasara lo de la pandemia, pero cuando se supo que el expresidente Vizcarra se había vacunado y —no sé si estoy siendo exacto— su respuesta fue algo parecido a que se arriesgó por el país por tomar vacunas de prueba…

Ese fue el sentido de su mensaje. Es correcto. 

Eso me pareció profundamente decepcionante. No lo convierte, para mí, en el culpable de todas las situaciones que estamos viviendo. Yo creo que la responsabilidad de la situación que vivimos es compartida por diversos actores, pero fundamentalmente está en manos de este Congreso, del Congreso pasado y del partido presidido por Keiko Fujimori que, teniendo la oportunidad de pasar la página de los típicos encontrones de una campaña política, en ese caso con Pedro Pablo Kuczynski, comenzó con la destrucción de la institucionalidad. 

No puedo entender cuando veo un post en Internet diciendo, "ah, la marcha del 15, quieren un Sagasti II".  No es que Sagasti esté libre de críticas, pero es un hombre decente y vienen a demonizarlo de esa manera. Me parece que, incluso con Vizcarra, es injusto e impreciso, aunque no puedo dejar de mencionar ese grado de decepción, que no es menor. Y eso no quiere decir que no guarde aprecio también. Vivimos tiempos en los que pareciera obligatorio definir las cosas de manera binaria, tajante, sin grises. Esa es una dinámica a la que debemos resistir y yo procuro resistir.

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