La muerte del artista de hip hop Eduardo Mauricio Ruiz Sanz —Trvko— el pasado 15 de octubre, a causa del disparo de un suboficial durante las manifestaciones de la autodenominada Generación Z contra el Gobierno interino de José Jerí, el Congreso y la inseguridad ciudadana, evidenció —una vez más— el rol que los jóvenes y los movimientos contraculturales cumplen como fuerza de resistencia política, cultural y social en tiempos de crisis.
Para comprender el movimiento del que formaba parte Trvko, OjoPúblico organizó el conversatorio “Hip Hop y Democracia”, que reunió a cuatro artistas de Lima: Kiara Price Escobar “Farrah”; Carolina Carbajal “Karolinativa”; Gianfranco Rodríguez “Holístico”; y Franz Armas “Pusaq”.
Farrah es productora, gestora cultural, transfeminista y activista por la salud; está por lanzar un disco de rap hecho por mujeres. Karolinativa fusiona rap con ritmos afroperuanos y es artivista por los derechos de la comunidad afroperuana; tiene estudios en Derecho y Ciencias Políticas. Holístico es rapero, fundador del colectivo Somos Semilla en La Victoria y productor del proyecto Flow Fellahh. Pusaq, egresado de Ciencias Sociales, trabaja en procesos creativos y de investigación sobre el hip hop en Perú.
La directora periodística de OjoPúblico, Nelly Luna Amancio, abrió el encuentro destacando la labor de los colectivos de hip hop en la defensa de derechos ciudadanos y en la demanda de justicia frente a los asesinatos cometidos por la violencia estatal.
“Desde que el Perú recuperó la democracia en el 2000, alrededor de 250 personas han fallecido por disparos al cuerpo a manos de las fuerzas del orden. Solo en 2022, cincuenta de ellas fueron asesinadas durante el gobierno de Boluarte y Jerí. Eso debería alertarnos sobre la magnitud de la respuesta violenta del Estado hacia sus ciudadanos”, señaló.
Nelly Luna destacó la labor de los colectivos de hip hop en la defensa de derechos ciudadanos y de justicia frente a los asesinatos.
Añadió que el asesinato de Trvko reveló la ignorancia estatal —y de sectores de la opinión pública— sobre la fuerza cultural del hip hop: “Una narrativa poderosa para denunciar exclusión, desigualdad y precariedad que afecta a jóvenes en zonas donde el desempleo y la inseguridad son más altos”.
El valor de la resistencia cultural
La moderación estuvo a cargo de la periodista Rosa Chávez Yacila, quien abrió la conversación consultando a los artistas sobre cómo entender al hip hop como un movimiento de resistencia cultural y sus procesos en Perú.
Pusaq explicó que el hip hop surgió en 1974 en Estados Unidos. “Abarca cuatro elementos artísticos que son el rap, graffiti, DJ y break dance, pero también hay un quinto elemento que es el conocimiento que se genera detrás del arte que estoy haciendo”.
Llegó al Perú en 1984, cuando ingresaban discos de hip hop por el puerto del Callao que luego eran copiados y difundidos en diferentes barrios. “Al inicio la escena giraba en torno al break dance y la música de películas, sobre todo James Brown”, relató Pusaq. Hoy, dijo, existen al menos cuatro generaciones de hip hoppers en el país de distintos barrios, movidas y colectividades que están impulsando esta cultura que sigue en crecimiento.
Karolinativa resaltó que el hip hop ha sido históricamente un espacio frontal de denuncia y construcción comunitaria. “El hip hop me formó como mujer, artista y profesional. Y también me permitió hablar de racismo cuando mis otras herramientas no lo hacían”, explicó.
Cuestionó la percepción que reduce el hip hop a ‘calle y delincuencia’, cuando, en realidad, es un género tan complejo como cualquier otro. “El hip hopper es un profesional. Componemos, producimos, gestionamos y pensamos”, señaló. Y recordó que el movimiento también carga tareas pendientes: cuestionar el machismo y la violencia dentro de sus propios espacios.
Karolinativa resaltó que el hip hop ha sido históricamente un espacio frontal de denuncia y construcción comunitaria.
Por su parte, Holístico indicó que el hip-hop, desde sus orígenes, es un movimiento profundamente político. No necesariamente en la línea explícita de la trova o del folclore latinoamericano —asociados a posturas revolucionarias clásicas—, pero sí con una posición firme: es antirracista, antisupremacista y, en gran medida, anticapitalista.
Surgido en el Bronx, el hip-hop apareció en un contexto marcado por la presencia de las Panteras Negras, las ideas de Malcolm X y Martin Luther King, así como por un clima de violencia entre pandillas. Fueron miembros de esas pandillas quienes promovieron procesos de pacificación que alimentaron el espíritu organizativo del hip-hop. Por eso, más que un género musical, es una cultura donde confluyen otras culturas: no excluye, incorpora, precisó.

COLECTIVOS. Holístico, Karolinativa, Pusaq y Farrah proceden de los distritos de La Victoria, Comas, Jesús María y San Juan de Lurigancho.
Foto: OjoPúblico / Gabriel García Barandiarán
"Hoy existe hip-hop en la Amazonía, en los Andes, en el Chocó colombiano, en República Dominicana, Palestina y prácticamente en todo el mundo. Llega con valores y herramientas propias, pero se adapta a cada territorio. Se expande también en múltiples idiomas: quechua, aimara, awajún y diversas lenguas originarias", sostuvo Holístico.
En el Perú, suele repetirse que la primera movida nació en Miraflores, pero, según refiere Holístico, la cultura se desarrolló en San Martín de Porres, San Juan de Lurigancho, La Victoria y otros barrios periféricos de Lima. El hip-hop peruano, como en otros países, creció en los márgenes.
Desde esa diversidad, el movimiento ha sido un espacio para expresar incomodidades y tensiones desde experiencias propias tal y como lo hacía Trvko. Sin embargo, hubo quienes intentaron justificar lo ocurrido basándose en las letras de sus composiciones que hablaban del difícil contexto en el que vivía. Pero para los miembros de este movimiento, esa reacción solo demostró el costo de tener el valor de poder manifestar, a través del arte, una realidad que suele ser ignorada, subrayó Holístico.
Desafíos de las mujeres raperas
Farrah definió al hip-hop como un "estamos aquí" en un sistema diseñado para invisibilizar". Nace como un lenguaje directo, accesible, que nombra lo que se vive y pone en cuestión lo que se ha normalizado. Crear —poner el cuerpo, la voz, la experiencia cotidiana— es también resistir. Y, al ser una narrativa propia, no mediada por instituciones, conserva su autenticidad.
Las distintas realidades socioculturales y étnico-raciales del país atraviesan la manera en que se vive y se expresa el hip-hop. Para las mujeres raperas, esto ha implicado un reto adicional: denunciar el machismo y la violencia de género dentro y fuera del movimiento. Enunciar estas experiencias no siempre ha sido sencillo, sobre todo cuando el público esperaba que las mujeres abordaran temas personales y no políticos, refirió.
Farrah dijo que el hip hop nace como un lenguaje directo, accesible, que nombra lo que se vive y pone en cuestión lo que se ha normalizado.
“Cuando un rapero nuevo se sube al escenario, el público quiere saber cómo suena. Cuando se sube una mujer, la evaluación parte de otro lugar”, señaló. Esa diferencia en la escucha y en el juicio ha atravesado a toda una generación de artistas.
Sin embargo, el cambio se ha abierto paso. Hace 15 años no se cuestionaba que las mujeres no aparecieran en los afiches de los eventos. La invitación solía limitarse al “micro libre”, sin figurar en el cartel. Aun así, las artistas del hip hop han luchado para construir su espacio, resaltó.
El auge político
Nelly Luna abrió una nueva línea de discusión al preguntar ¿en qué momento se dio el auge político del movimiento hip-hop? Al respecto, Karolinativa señaló que en la Marcha de los Cuatro Suyos ya existía un bloque del movimiento: jóvenes que acompañaban la movilización, pero también artistas que resistían desde la música, improvisando, armando espacios para rapear y convocando a otros. Era una forma de extender la protesta más allá del acto de marchar.
Holístico añadió que hacia 2006 comenzó un proceso de organización más clara: surgieron el Comité Malpica y la Juventud Malpica, espacios de formación política para jóvenes del movimiento. En 2009, parte de ese núcleo impulsó Zona Liberada, un colectivo político con una propuesta articulada.
Desde esa experiencia, en 2012 se iniciaron asambleas en distintos distritos de Lima —San Juan de Lurigancho, Santa Anita, San Luis, Chosica, el sur de la ciudad— y también en regiones. A partir de entonces se realizaron encuentros periódicos y se creó un bloque hip-hop para marchas y movilizaciones. Para él, el periodo de mayor articulación se dio entre 2009 y 2015.
Holístico añadió que hacia 2006 comenzó un proceso de organización más clara: surgieron el Comité Malpica y la Juventud Malpica.
Pusaq refirió que desde Zona Liberada surgieron múltiples colectivos en toda Lima: llegó a haber cerca de 16 grupos activos, que luego fueron creciendo y articulándose. En esos años, recordó, el movimiento participó de manera constante en protestas sociales: estuvieron en Bagua y en Conga, por ejemplo.
El rol de los barrios
Pusaq recordó que en 2010 no existía una escena hip-hop vinculada a la transformación social en Jesús María, el distrito donde vive. En 2011, conoció los talleres que se realizaban en Independencia sobre los orígenes del hip-hop. Para él, ese detalle es clave: el acercamiento del movimiento a la política no nació desde lecturas doctrinarias ni discusiones ideológicas, sino desde la historia cultural del propio hip-hop.
Desde Jesús María tomaba el Metropolitano para asistir a los encuentros. Allí se reunía el colectivo que considera su formación base: Un Solo Puño. Los jóvenes, algunos de 17 o 18 años, explicaban en papelógrafos cómo se había construido esa cultura. “Ese proceso de identidad fue fundamental para mí”, dijo. Con los años volvió a su zona para impulsar, junto con Holístico, el colectivo Somos Semilla, en La Victoria.
Karolinativa explicó que su vínculo con el hip-hop nació en el distrito de Comas. Allí realizó activismo antirracista con un trabajo que se concentró en El Carmen, un barrio afroperuano de Comas, donde comenzaron a realizar actividades en la calle. Allí entendió que el hip-hop podía educar, informar y fortalecer la identidad del barrio.

MEMORIA. Hace un mes fue asesinado Eduardo Ruiz Sanz Trvko durante las protestas de la Generación Z contra el Gobierno de José Jerí y el Congreso.
Foto: OjoPúblico / Gabriel García Barandiarán
“En Comas hay huacas, historia, cultura que muchos vecinos no conocen”, dijo. El hip-hop, en su experiencia, puede ser una herramienta para redescubrir el territorio.
Para Holístico, la identidad del movimiento en Lima se construyó recorriendo la ciudad: “irte de un cono a otro”, integrando a los barrios desde actividades musicales, culturales y vecinales. En su caso, por ejemplo, su primer acercamiento al hip-hop fue musical: lo que sonaba en la radio —merengue rap, salsa rap— o la estética rapera que veía en las calles del distrito, marcado por una fuerte presencia afroperuana y caribeña.
La identidad del movimiento en Lima se construyó recorriendo la ciudad: “irte de un cono a otro”, integrando a los barrios.
Su inmersión real llegó cuando empezó a frecuentar las movidas del Centro de Lima: la Casa Poco Floro, las actividades de Un Solo Puño, Hip-Hop al Parque en San Luis. Le atraía la autoeducación del movimiento: la manera en que explicaban los orígenes del hip-hop, cómo lo conectaban con el Perú y cómo se hacía política desde la tarima. El hip hop permite que quien escucha también pueda expresarse, indica.
Somos Semilla en La Victoria, el colectivo que impulsó con Pusaq, surgió en un contexto difícil: zonas marcadas por el tráfico de drogas. Al inicio el barrio los miraba con desconfianza, pero luego se abrió una pequeña movida, especialmente con los niños. Hoy, La Victoria tiene un movimiento vibrante, con propuestas como el hip-hop afro —Negro Luis y otros artistas— y una comunidad articulada con el Bloque Hip-Hop.
Farrah empezó a escuchar hip-hop en Pueblo Libre, pero no se involucró hasta mudarse a San Juan de Lurigancho. Ingresó a las movidas de Las Flores, organizadas por Harry NC. Era menor de edad: salía con uniforme para pagar pasaje escolar. Luego, integró el colectivo HHP —que llegó a tener más de 40 integrantes de La Victoria, San Luis y Salamanca— donde no solo había trabajo artístico, sino también vecinal: talleres, colectas, chocolatadas organizadas con juntas barriales.
Después de un periodo personal transitó a la necesidad de escribir desde la denuncia. Su primer tema político lo escribió antes de asumirse feminista y, desde entonces, entendió que necesitaba visibilizar lo que vivían las mujeres en el movimiento y en sus barrios: violencias, explotaciones, silencios. Con el tiempo aprendió a construir redes de apoyo, espacios de cuidado mutuo. “El hip-hop te obliga a decir lo que sientes, a contar cómo vives. Y eso duele, pero también construye identidad”, afirmó.
Política y nuevas formas de organización
Frente a un contexto de desencanto con la política formal, hay la necesidad de impulsar la acción social. Así lo explicó Farrah: “No creo en la democracia representativa”. Pero, aun así, siento que asumir un rol político es inevitable, dijo. "Hay que participar: votar, tomar postura, no ser indiferente. Es fácil decir ‘no creo en la política, así que no hago nada’, pero en un contexto de violencia como el nuestro no podemos permitirnos esa pasividad”. Por ello, reivindicó la construcción de discursos propios: “Yo tomo elementos distintos y armo el mío. La participación ciudadana es necesaria, incluso dentro de una democracia que no comparto”.
Holístico subrayó que, frente a ese desencanto, el hip-hop y otros espacios comunitarios han construido otras formas de acción política: feminismos barriales, ollas comunes, mancomunidades, redes de apoyo. “Esa política directa y participativa es la que realmente nos identifica”.
Reconoció que los discursos radicales suelen ser difíciles de llevar a la práctica por las desigualdades y las urgencias personales. Por eso, su mirada parte del “hacerlo nosotros mismos”: autocuidado colectivo, pequeños cambios que luego puedan proyectarse hacia lo social. “Al final, estamos en política todo el tiempo: en lo que comemos, vestimos, opinamos”.
El rap en Perú hoy
En el Perú, el rap es más que música: es identidad, denuncia y creatividad. Karolinativa y Farrah muestran cómo el hip-hop se transforma en un espacio para cuestionar racismo y machismo, rescatar raíces culturales y explorar nuevos ritmos que reflejan la diversidad de experiencias y voces.
“Cada quien escribe desde su propia vivencia, en mi caso, la temática siempre vuelve al antirracismo, es lo que me atraviesa como mujer negra afroperuana”, señaló Karolinativa. Destaca el reciente lanzamiento del disco Algazara, producido y creado por raperas de distintas regiones del país.
“Nuestras miradas no son iguales a las de los hombres. El movimiento hip-hop es históricamente machista, pero muchos compañeros han iniciado procesos de deconstrucción. Falta mucho, sí, pero el camino ya empezó”, sostuvo.
Mencionó que trabaja con el yoruba como parte de su proceso espiritual, y que músicas awajún y quechuas también incorporan sus lenguas. “Me gusta hacer este ejercicio de memoria: recordar que quisieron arrebatarnos nuestras creencias y lenguas”, reflexionó.
El movimiento hip-hop es históricamente machista, pero muchos compañeros han iniciado procesos de deconstrucción.
Farrah destacó la experimentación musical en esta etapa en el rap que hacen las mujeres. “En Algazara conviven trap, fusiones con punk rock, sonidos afroperuanos, boom bap noventero y electro-denbo-house”, indica. “La gente dejó la idea de que solo se puede denunciar sobre una base estrictamente hip-hop. Hoy cada quien usa el ritmo que mejor sostiene lo que quiere decir”, explica.
Contó que, para la segunda vuelta electoral, trabajó un dancehall llamado Keiko Nova, de ritmo movido, pero con un contenido denso. “Hacer un tema es como hacer una investigación: ordenar datos, decidir qué palabras usar o evitar. En 'Monstruo', sobre una violación, tuve que pensar en qué términos omitía porque sabía que ciertos hombres iban a juzgar a la madre de la víctima”.
La gran diferencia, dijo, es que ahora la denuncia no necesariamente suena “dura”: “Puedes expresar rabia desde un beat bailable. No hace falta una base de rock o metal”. Para ella, la diversidad rítmica y temática es el síntoma de un momento creativo en el que el hip-hop sirve para decir lo que urgía decir y cuestionar lo que se normalizó.
El legado de Trvko
Tras la muerte de Trvko, los expositores convocados por OjoPúblico coinciden en que el movimiento continúa articulando barrios, transformando espacios y mantiene viva la lucha social desde el arte y la calle.
Pusaq identificó un despertar artístico que viene creciendo desde fines del año pasado y que se intensificó tras el asesinato de Trvko. “Hay más producción, más inversión y más organización. Venimos de una generación donde tener una cámara 4K era casi imposible; ahora la calidad ha subido muchísimo. El movimiento está más maduro”.

OBRA. Los colegas de Trvko recordaron durante el conversatorio su labor como comunicador social y articulador comunitario: “Su obra está en su música”.
Foto: OjoPúblico / Gabriel García Barandiarán
Ese crecimiento también se refleja en nuevos espacios —como La Rack— y en la aparición de articulaciones territoriales inéditas. “Barrios que nunca habían trabajado juntos están empezando a hacerlo. Represento al Bloque Oeste y, en mis 15 años, nunca había visto algo así. Hay un impulso genuino por organizarse”.
Para Pusaq, el hip-hop ya no se mira solo desde lo artístico: “Construir un país —y una identidad país, que aún no está formada— es un proceso enorme. Y creo que el hip-hop sí aporta a esa construcción. La mayoría de hip hoppers estudia, investiga, sabe de historia y teoría musical. Esa madurez se nota”.
Pusaq identificó un despertar artístico que crece desde fines del año pasado y que se intensificó tras el asesinato de Trvko.
Karolinativa pidió no perder de vista lo humano en el caso de Trvko: “Más allá de que fuera músico o rapero, hablamos de un papá, un hijo, un joven que no merecía morir así”. Recordó además su labor como comunicador social y articulador comunitario: “Su obra está en su música; ahí pueden encontrar su mensaje”.
Para Holístico, la muerte de Trvko obliga a un proceso de cuidado y reflexión. “En otro momento hubiéramos dicho: ‘hay que salir a reclamar’. Y claro que hay que hacerlo, pero también debemos cuidarnos. No podemos regalarnos”.
Advirtió que hay actores externos que buscan usar la fuerza juvenil para fines políticos que no son los del movimiento. “Siempre quieren que pongamos el pecho mientras ellos no están ahí”. Por eso, insistió en volver a lo esencial: el arte como herramienta de lucha. “Somos guerreros, pero desde el arte. Nuestro trabajo viene del amor, de comunicar, de crear”. De ahí nacieron talleres de música, canto y autoeducación, explicó.
“El rap habla del día a día: de sostener la casa, de buscar un futuro para la familia. El contexto político está ahí, pero el rapero busca superarlo”. Lo que viene, afirma, es una reagrupación territorial: “Organizarnos desde los distritos, desde los espacios comunitarios. Ya a nivel macro veremos cómo avanzan las cosas”.
Para Farrah, el hip-hop siempre ha sido un actor político que empuja hacia la justicia social. “El hip-hop pone sobre la mesa las injusticias, las brechas, lo que pesa más sobre unos que sobre otros. Lo hace desde el barrio, desde los espacios comunitarios, desde esos territorios pequeños pero poderosos”.
Recordó que el hip-hop ha tenido presencia política incluso en los procesos electorales: “Ahí están las contracampañas anarquistas, las antifujimoristas, los discursos que cuestionan el poder. Tienen un peso real en el contexto democrático”. Tras lo ocurrido, reflexiona que lo que viene exige “más cautela, más análisis, pero también una reacción más firme”.
Este conversatorio se realizó con el apoyo de la Fundación Heinrich Boll y el programa Aliados/as de OjoPúblico.