Juan De la Puente: "No se puede hablar de seguridad si no se plantea refundar la Policía"

A cinco meses de las elecciones generales de abril de 2026, los partidos políticos han oficializado a sus respectivos precandidatos a la presidencia, vicepresidencias y al Congreso bicameral. La campaña que se avecina tendrá como uno de sus ejes centrales la inseguridad, que no mengua a pesar del nuevo estado de emergencia implementado por el Gobierno de José Jerí. El abogado y politólogo Juan De la Puente ofrece, en esta entrevista con OjoPúblico, algunas pistas para tratar de entender el momento actual.

ELECCIONES. Juan De la Puente señala que una característica del proceso electoral es la profunda fragmentación, sobre todo en el centro político y en la ultraderecha.

Video: OjoPúblico / Gabriel García Barandiarán

Restan cinco meses para las elecciones generales de abril de 2026, una de las más desafiantes de nuestra historia, no solamente por el alto número de candidatos, sino también porque se desarrollarán en un contexto marcado por la crisis de criminalidad que no ha remitido, a pesar del nuevo estado de emergencia en Lima y Callao que decretó el Gobierno de José Jerí.

En esta entrevista con OjoPúblico el abogado y politólogo Juan De la Puente señala que algo que viene caracterizando al proceso electoral es una fragmentación como nunca antes vista en sectores del centro y, también, de la derecha y ultraderecha. Además, advierte que no es serio hablar de inseguridad ciudadana, si es que no se plantea una refundación de la Policía Nacional. 

Puede revisar la entrevista completa en nuestro canal de Youtube y en este enlace.   

Yo creo que, ahora, todos son enanitos. No me imagino que un candidato supere el 25% en la primera vuelta".

Se inscribieron los precandidatos para las elecciones de 2026. ¿Qué primera impresión se lleva de este extenso menú? 

Los espacios electorales todavía están definiéndose. Las encuestas señalan que los sectores A-B, los interesados en política, los que se autodefinen como de derecha y, quizás, algunos de centro se han decantado por su voto. Pero, todavía, casi dos tercios del país no se ha decidido. Se está formando la oferta electoral, pero…

¿De manera muy preliminar?

Muy preliminar. 

Suele decirse que quienes aparecen al inicio como favoritos en las encuestas no terminan en la foto final. ¿Eso podría pasar esta vez?

Hay fenómenos nuevos en este proceso electoral. El primero es la fragmentación del centro. Hay entre cuatro o seis candidaturas que pretenden ocupar ese espacio. Y hay una fragmentación de la derecha y ultraderecha. Esto último tiene que ver mucho con el drama que se ve en sectores empresariales y en la élite política, que han convertido en un vía crucis la demanda para que se unan los partidos de derecha. 

Pero, con 39 candidaturas, es evidente que no tenemos un modelo como el de antes. Por ejemplo, el año 2016 yo hablaba del modelo Blancanieves y los siete enanitos, con Keiko Fujimori con un 38 o 39% y, muy abajo, el resto.

¿Ahora todos son enanitos?

Yo creo que, ahora, todos son enanitos. No me imagino, salvo que se produzca un crack, que un candidato supere el 25% en la primera vuelta.

La primera vuelta sería, entonces, como unas primarias de la ultraderecha. 

Sí, pero no estoy seguro si después se unirán. El pacto que gobierna el Congreso y que ha renovado su acuerdo con la elección de José Jerí es defensivo. No es un pacto para tomar el poder mediante elecciones. Freud hablaba del narcisismo de las pequeñas diferencias para decirnos que los que se parecen, a veces, suelen odiarse más que aquellos que no se parecen. Hay distintos tipos de ultraderecha.

No hay ninguna derecha ni ultraderecha que asuma el ideario neoliberal".

¿Cuáles?

Por ejemplo, la ultraderecha restauradora es la de Rafael López Aliaga, bastante excluyente, profundamente religiosa. Una más mercantil y plebeya es la de Keiko Fujimori. La expresión del neoliberalismo ya no es Keiko Fujimori ni Fuerza Popular. Es más, diría que no hay ninguna derecha ni ultraderecha que asuma el ideario neoliberal. 

Si uno lee el comunicado del Consejo Fiscal, es un réquiem del neoliberalismo. En los últimos días, he visto que algunos sectores se han empezado a ilusionar con el señor Carlos Espá, que podría ser como una especie de pequeño rebrote neoliberal. Dudo que eso pase.

¿Por qué le llama ultraderecha restauradora a la de López Aliaga?

Para empezar, por su lenguaje, por la idea rectora moral, religiosa, por la idea de autoridad. Es una visión profundamente oligárquica. 

¿No tenemos una derecha liberal propiamente dicha? 

Diría que hay dos formaciones liberales clásicas: el Partido Libertad Popular, que encabeza Rafael Belaunde, y la que encabeza la señora Fiorella Molinelli [la alianza Fuerza y Libertad]. Pero esa condición de liberalismo democrático los coloca más al centro, porque el Perú se ha hecho tan conservador que, ahora, ser liberal es casi sinónimo de caviar.

Por el momento, las candidaturas hacia la derecha son las más favorecidas en intención de voto. López Aliaga, Fujimori y Carlos Álvarez, a quien también se le podría ubicar en ese sector. ¿Por qué nadie de la izquierda pelea los primeros lugares? ¿Es la resaca de Pedro Castillo?

En parte sí, pero en parte también tiene que ver con el alejamiento de la izquierda del mundo social. Si bien es cierto que Alberto Fujimori refundó el Estado, en estos años se ha producido una refundación social del Perú con mucha transgresión, con informalidad. Es decir, hay una sociedad bastante desapegada de quienes proponen un cambio social, que, teóricamente, están en la izquierda. 

Curiosamente, la izquierda que siempre había cuestionado el institucionalismo o el neoinstitucionalismo, en el Perú se ha hecho neoinstitucionalista porque cree que todo parte de una Asamblea Constituyente. Es una izquierda que entra en la disputa por el Estado, pero no a la disputa cultural, política o ideológica en la sociedad. Y, por tanto, es una izquierda débil. 

Pero, siendo débil, podría recuperarse si la gente entiende que la parte más importante de la izquierda —fuera de Perú Libre— no forma parte del pacto [en el poder]. 

La élite empresarial con más recursos y dominante sigue apostando a una propuesta autoritaria, bastante radical". 

Le pido un comentario sobre la CADE. Como foro preelectoral perdió mucho peso. Hace algunos años, los candidatos se presentaban ahí, pero, esta vez, optaron por no hacerlo, salvo López Chau y López Aliaga. El programa que se presentó más parecía un foro de ultraderecha, ¿no? 

Efectivamente, quisieron hacer un foro ultraconservador con características electorales. Además, cambiaron muy radicalmente el logo, algo bastante ultranacionalista, antiglobalista. Y querían traer a Javier Milei y a otros líderes para convertir [a la CADE] en casi como un seminario de Vox. Eso no ha funcionado. 

Daría la impresión de que no se ha podido resolver la fractura en la ultraderecha y en el sector empresarial. Mi impresión es que la élite empresarial con más recursos y dominante sigue apostando a una propuesta autoritaria, bastante radical. 

¿Cuáles son los ejes que, cree usted, se discutirán más en la campaña? 

De hecho, el eje central será la seguridad. Solo que el paradigma de la seguridad está sufriendo cambios. Lo que está haciendo el señor Jerí es tomar los símbolos de Nayib Bukele para tratar de aplicar una especie de “bukelismo” peruano. 

Ha tomado su estética, al menos. 

Sí, y creo que va a desgastar y quemar esa propuesta. De hecho, no creo que el Perú pueda producir un Bukele. Quizás, pueda producir un cuarto de Bukele, por las circunstancias de la crisis política. Si es que la gente identifica que estos candidatos del llamado pacto son los mismos que proponen la mano dura y el gatillo fácil, podría ser que los terminen rechazando. 

No estoy seguro de que el principal movilizador de votos ahora mismo sea la mano dura. Creo que el principal movilizador de votos es el rechazo al poder. Hay un Perú electoral y uno antielectoral y, mientras no haya candidatos que se acerquen a este último, van a tener menos resultados. 

Están haciendo una campaña por arriba, le están hablando al desierto, haciendo actividades a puerta cerrada, abandonando las calles, cuando la manera de hablarle a este Perú antielectoral es asumir compromisos. Por ejemplo, ¿qué va a pasar con las investigaciones de los muertos del centro y del sur? ¿Qué va a pasar con el empleo, el transporte, el salario? ¿Con la salud? 

Creo que ese paradigma de ofrecer una propuesta radical —como la pena de muerte o salirse de la Corte IDH— porque me garantiza votos, se está muriendo. Se tiene que ofrecer algo más. 

Creo que el principal movilizador de votos es el rechazo al poder".

¿Son las elecciones una posible salida a esta situación que estamos atravesando durante 10 años?

Si en estos meses no se resuelve esa brecha entre el país antielectoral y el país electoral, las elecciones podrían ser ratificadas como libres y transparentes, pero el ejercicio del poder podría ser insuficiente. Me atrevería a decir que podríamos ir a elecciones adelantadas, porque en el Perú ya se ha demostrado que se puede sacar a un presidente en 16 horas si tienes los votos.

¿A qué le debemos prestar más atención en estas elecciones? ¿A la elección presidencial o congresal? Habida cuenta de lo que ocurrió en los últimos años.

Yo le prestaría más atención al desencanto, a la protesta, al miedo. Espero equivocarme, aunque me parece que el Perú irá a una tercera vuelta después de las elecciones del otro año.

¿En qué sentido?

En el sentido de que podría haber nuevas elecciones, que podría haber un momento de inestabilidad profunda. 

Se decretó un estado de emergencia en Lima y Callao por 30 días, aunque no parece haber resultados, por lo menos de la contundencia que el Gobierno esperaba. José Jerí, el presidente, ha resucitado incluso el plan Bratton que, recuerdo, fue un ofrecimiento de Alberto Andrade cuando era alcalde de Lima. 

Así es. 

El Perú se ha hecho tan conservador que, ahora, ser liberal es casi sinónimo de caviar".

Estamos hablando de hace 20 años, por lo menos. Da la impresión de que en el Ejecutivo andan medio extraviados. ¿Qué piensa?

Pienso lo mismo. El plan Bratton, efectivamente, fue una propuesta que planteaba un giro preventivo de la seguridad ciudadana bajo la teoría de las ventanas rotas, es decir, atajar el pequeño delito antes de que se convierta en uno grande. Si bien eso es vigente, no podemos quedarnos ahí porque el delito ha escalado profundamente. Nosotros tenemos entre 12 y 14 economías criminales o ilegales. 

Si la oferta del señor Jerí en los primeros días de su mandato eran fotografías, más cárceles y más estado de emergencia, digamos que eso no ha funcionado. No se puede hablar de seguridad ciudadana en el Perú seriamente si es que no se plantea una reforma de la Policía, diría incluso una refundación de la Policía Nacional. El Gobierno sigue pensando que este es un asunto de policías y ladrones, cuando es mucho más complejo. 

 

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