Historiador José Ragas: "Los trenes del alcalde Rafael López Aliaga me parecen una estafa"

La coalición entre Dina Boluarte y el actual Congreso ingresa a su último año, que estará marcado por el proceso electoral del domingo 12 abril de 2026. El historiador peruano y docente de la Universidad Católica de Chile, José Ragas, —quien acaba de presentar su nuevo libro "Lima Chola: Una historia de la gran migración andina" (IEP)— perfila, en la siguiente entrevista, la situación actual peruana. "No ha habido ningún proyecto de desarrollo nacional", dice sobre el régimen actual. Sobre los trenes que ha traído el alcalde Rafael López Aliaga, asegura que la autoridad está jugando con las expectativas de los ciudadanos.

DIAGNÓSTICO. Según José Ragas, el periodo actual se caracteriza por una captura institucional y niveles de represión que no se veían desde hace mucho tiempo en el país.

Video: OjoPúblico / Giuseppe Vicente

Al pacto político entre el Gobierno, que lidera la presidenta Dina Boluarte, y el Poder Legislativo le queda un año. Para el historiador de la Universidad Católica de Chile José Ragas, este periodo está marcado, entre otras cosas, por una "captura total de las instituciones" y una represión que no se había visto desde "hace mucho tiempo" en el país, por la cual nadie ha respondido hasta hoy. 

Ragas —quien acaba de presentar su nuevo libro Lima Chola: Una historia de la gran migración andina, bajo el sello del Instituto de Estudios Peruanos (IEP)— también responde, en entrevista con OjoPúblico, sobre otros temas, como los trenes importados desde Estados Unidos por el alcalde de Lima Rafael López Aliaga. Desde su experiencia viviendo en Santiago de Chile y el impulso que se le da al transporte público en esa ciudad, afirma, directamente, que son una estafa. 

Puede revisar la entrevista completa en nuestro canal de Youtube y en este enlace.  

[En este gobierno] no ha habido ningún proyecto de desarrollo nacional, nada por mostrar". 

¿Qué lectura tiene de lo que es el desempeño de la coalición entre Dina Boluarte y el Congreso?

Creo que ha sido terrible. No ha habido ningún proyecto de desarrollo nacional, nada por mostrar. Lo que ha habido, básicamente, es una suerte de atrincheramiento por parte de la presidenta como del Congreso. 

Al mismo tiempo, se puede ver cómo, de manera muy estratégica, algunos congresistas están empezando a tomar distancia para poder postularse. 

Un poco cínico, ¿no?

Absolutamente cínico, mediocre y oportunista. 

Se ha debatido sobre las coincidencias entre esta etapa del país y el autoritarismo en los 90. A estas alturas, la comparación me parece que es ya un lugar común. Sin embargo, plantea que, en realidad, lo de ahora es incluso peor. ¿Por qué?  

Yo he estudiado los años 90, tengo un libro. 

El penúltimo previo a Lima Chola, sobre la década fujimorista.  

Exactamente. Y es cierto, se trata de un recurso eso de comparar lo de hoy con los 90. El problema es que, a veces, nos quedamos en la epidermis para reforzar algo que ya se sabe: que el Gobierno de Fujimori fue corrupto, autoritario. Esto no significa quitarle responsabilidad a Fujimori. 

Pero en el caso del actual Gobierno y de la coalición que tiene con el Congreso, es mucho peor porque ha sido una captura total de instituciones, con una represión que no se había visto en mucho tiempo en el país y por la cual nadie ha respondido hasta el día de hoy. Tiene que ver, también, con el hostigamiento a medios de comunicación y actores políticos. 

Como sociedad civil, debimos haber aprendido de lo que pasó ahí [en los 90]. Incluso, estos días se ha dado una ley casi de amnistía para militares…

En el caso del actual Gobierno y de la coalición que tiene con el Congreso, es mucho peor [que en los 90]". 

Sin el “casi”. Es una ley de amnistía. 

Sí, para limpiar de toda culpa a los actores que fueron responsables [de violaciones a los derechos humanos]. Ahora, así como en el gobierno de los 90 hubo mucha resistencia civil, estamos viendo también resistencia en estos días. Por ejemplo, lo de Puno, con el defensor del pueblo. 

Le dijeron “ofensor del pueblo”. 

Entre otras cosas muy merecidas. La gente está molesta y expresa su descontento. Las huelgas y las marchas son parte, también, del juego democrático para mostrar nuestro repudio. Y eso, en un año electoral, es muy importante. 

Dicho sea de paso, ¿tiene alguna expectativa de las elecciones que vienen? 

No, creo que todo va a ser muy atomizado. Me temo mucho que se va a repetir lo que pasó en estos últimos años, que más que un voto habrá un anti voto. Si bien es cierto [que] esa puede ser una salida momentánea, hemos visto que, en el mediano plazo, tampoco ha sido una solución.

Me mencionó lo de la amnistía. Hay una intención que viene de un sector político de reescribir la historia. 

Totalmente. 

¿Qué piensa de eso como historiador?

Ha sido un intento completamente descarado, casi digno de dictaduras que ha habido en la región y en otras partes del mundo. 

Es como el punto de llegada de una serie de procesos, como tratar de controlar la narrativa de los textos escolares, o definir terrorismo como algo que es solamente propio de las fuerzas subversivas-terroristas, como Sendero [Luminoso] y el MRTA [Movimiento Revolucionario Túpac Amaru], sin decir que hubo, también, un terrorismo de Estado, o como llamarle terrorismo a cualquier tipo de acto ciudadano contra el Gobierno. 

Son intentos, tanto de la clase política como de los actores de las Fuerzas Armadas, por querer plantear una visión que los beneficia.

A lo de ahora le llaman crisis, aunque a mí me cuesta porque ya llevamos varios años en esta. ¿No será que estamos en una nueva normalidad?

Creo que es una crisis estructural. Mi principal temor tiene que ver con la ausencia de vínculos, de lazos políticos. Son 43 partidos inscritos, que serían 43 candidatos [presidenciales]. 

Quizás algo menos si se confirman algunas alianzas. Podríamos tener unos 37 o 38 candidatos, en el mejor de los casos. 

Aun así, eso es inédito. No sé si hay algún país de América Latina que tenga esa gran cantidad de candidatos. 

Al menos en el Perú es inédito, ¿no? 

En el Perú, por lo menos, es inédito. Es un síntoma. No hay plataformas comunes, no hay zonas de encuentro, no hay canales de comunicación entre las diferentes agrupaciones sociales, industriales, de trabajadores, de empresarios. Y es una pena porque se necesita a la sociedad civil. 

Recién las autoridades tomaron decisiones [contra la inseguridad] cuando hubo marchas de ciudadanos porque los estaban matando. De otro modo, es como si no pasara nada. Si bien el piloto automático funcionó en la economía hace unos 10 o 15 años, en la política no puede ser así. Eso nos está haciendo mucho daño. 

Uno puede escuchar estos discursos delirantes de la presidenta, de que la economía está yendo muy bien, que va a dejar un país completamente diferente. Sí, lo está dejando diferente porque están matando a la gente, porque cada vez más personas se están yendo del país. 

Son cifras de migración preocupantes, incluso para un país acostumbrado a que la gente se vaya. En los 80, muchos decidieron irse y no regresar.  

Fue una migración muy fuerte. Incluso desde mucho antes, en los 60 y 70, hubo una migración a Venezuela… 

Si bien el piloto automático funcionó en la economía hace unos 10 o 15 años, en la política no puede ser así". 

Cuando estaba en mejores momentos que los de ahora. 

Y, ahora, es el caso opuesto. Cuando uno habla con amigos o con personas cercanas, siempre se menciona al conocido que se está yendo o que ya no quiere regresar. Con el crecimiento de la xenofobia, con esa persecución que hay a migrantes, eso significa exponer a peruanos y peruanas a un escenario incierto. 

Hace unos 15 años éramos un país más optimista, ¿no?

Era un país mucho más optimista. El periodo del 2000 al 2018 siempre lo llamo el periodo en el que fuimos felices y no lo supimos. Salíamos del Gobierno autoritario de Fujimori, con la transición más estable que ha habido en los últimos 200 años.

Cuando elegimos a cuatro presidentes consecutivos en elecciones libres. 

Y que cumplieron su periodo. 

Ahora, cuando elijamos a un presidente el 2026, no sabremos si va a durar. 

Ahora, hay que elegir al vicepresidente antes que al presidente. Claro, había muchas fallas por corregir, como la precariedad laboral, pero había más optimismo. Llegamos al mundial de Rusia 2018, ganamos un Nóbel. Entonces, fue un periodo muy bonito, que ahora uno recuerda casi con lágrimas en los ojos. 

De todo esto, podemos aprender cómo la estabilidad política es un componente importante para la estabilidad económica. Si no hay estabilidad política, ¿cómo vas a querer criar una familia?, ¿cómo vas a querer invertir en el país?, ¿cómo vas a pensar en un pequeño negocio, si te están chantajeado y cobrando cupos?

Ahora, hay que elegir al vicepresidente antes que al presidente". 

Y eso va en contra de este mito de las cuerdas separadas. Por mucho tiempo, escuché a economistas diciendo que la economía y la política tienen que caminar por su lado. Este periodo está demostrando que van muy unidas. 

Esa fue una fórmula totalmente equivocada. Quizás eso funciona a nivel de laboratorio, para una economía neoliberal. En el caso peruano, donde tenemos tantas deudas estructurales, la buena política tiene que ir de la mano con una economía de mercado que redistribuya. 

Me ha dicho que estamos atomizados. ¿También radicalizados?

Sí, la elección del 2021 nos mostró eso. Estamos radicalizados no solamente a nivel político-ideológico, sino también a nivel social. Fue una campaña entre algunos distritos de Lima contra casi el resto del país. 

Obviamente, Pedro Castillo tiene que responder por una serie de decisiones que tomó, pero esa campaña fue un quiebre. No veía eso desde el año 1990, con Fujimori y Mario Vargas Llosa, con una serie de ataques raciales.

Contra Fujimori por su origen japonés. 

Exacto. Una razón por la cual la comunidad japonesa, inicialmente, no quiso apoyar a Fujimori era porque había miedo de que se repitan los ataques que hubo en Lima y en otras partes del Perú en los años 30 y durante la Segunda Guerra Mundial. 

Lo he leído comentando sobre los trenes del alcalde Rafael López Aliaga.

Sí.

Estamos radicalizados no solamente a nivel político-ideológico, sino también a nivel social". 

Para usted, esos trenes son una estafa. ¿Por qué?

Sí, totalmente. En primer lugar, están manipulando las expectativas de la gente. Yo vivo en Chile, donde ha habido una inversión muy fuerte en trenes, en este último Gobierno, para conectar localidades, y eso ha dinamizado el turismo. 

En el caso peruano, lo de los trenes me parece una estafa porque juega con las expectativas de la gente, porque no fue coordinado con el Gobierno central para saber qué tipo de vehículos, líneas ferroviarias y estaciones se debía tener. Aparte, hemos visto que esto no era una donación, tal como se planteaba. 

En el Perú tenemos una deuda muy grande con el tema de infraestructura. La sensación es la de un país a medio hacer. 

Un país a medio hacer, es un país de fachadas. Es ofensivo para la gente gastar y prometerle algo que, al final, no va a servir. Hay una serie de hitos en los que la infraestructura ha sido una especie de proyecto fallido para el Perú. 

Lo que dijo López Aliaga, de que con él empieza la historia de los trenes, no solamente es falso —lo cual me molesta como historiador—, sino que también subleva y es ofensivo como ciudadanos. 

Hemos tenido una infraestructura a nivel vial en el siglo XIX que, es verdad, con la Guerra del Pacífico de alguna manera se interrumpió. Después, no se invirtió lo que se pudo haber invertido. Y no hablo solamente a nivel de trenes, sino de caminos, carreteras. 

Esto no tiene que ver solo con lo material, sino con la idea de conectar poblaciones que han estado abandonadas y separadas del país. Ahora que ya pasó el bicentenario, es una de nuestras grandes deudas. 

Acaba de presentar el libro Lima Chola: Una historia de la gran migración andina. ¿Cuál es su principal aporte?

Diría que mostrar que Lima ha sido, siempre, una ciudad de migración andina. Si bien es cierto [que] todos conocemos lo del desborde popular, la chicha, lo que pruebo es que eso ya había comenzado un siglo antes. 

No solamente eso. También muestro que la migración, en sí misma, es un componente fundamental del Perú. Ahora que vienen las Fiestas Patrias es bueno recordarlo. 

De hecho, los mitos como los de Manco Cápac y los hermanos Ayar son, en verdad, mitos de caravanas de migrantes moviéndose de un lugar a otro, buscando lugares mejores. La migración no debe ser vista como un factor secundario o periférico, sino…

¿Fundacional?

Es un factor fundacional, tanto de la capital como también del país, y esto en momentos en los que, a nivel mundial, hay una ola de xenofobia muy grande.

Es bueno recordar cómo la migración ha permitido, de alguna manera, construir el país que tenemos". 

Incluyendo al Perú.

También. Hay una manipulación política de la migración muy grande. En España hay cacerías de migrantes inspiradas por grupos de extrema derecha radical. 

Y veamos lo que ocurre en los Estados Unidos. 

Con la elevación de las tarifas para las visas, por ejemplo. Por eso, creo que es bueno recordar cómo la migración ha permitido, de alguna manera, construir el país que tenemos.

Mis padres son migrantes de Áncash, yo soy migrante en Chile y he querido mostrar que esta experiencia de los migrantes del campo a la ciudad, del campo a la capital, son en verdad experiencias humanas. 

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