Amazonía: deforestación y falta de titulación de tierras indígenas aumentan enfermedades

Entre 2001 y 2019 se registraron más de 28 millones de casos de enfermedades vinculadas a la deforestación en la Amazonía de Perú, Brasil, Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Surinam y Guyana. La fragmentación del bosque y la contaminación por incendios aumentan el riesgo para millones de personas en la región, según un nuevo estudio de Nature Communications Earth & Environment. La investigación revela que el reconocimiento legal de grandes extensiones de territorios indígenas es clave para mitigar sus impactos en la salud, debido a que su manejo ancestral ha mantenido amplias áreas de bosque en pie.

SALUD. La deforestación en la Amazonía está vinculada a 21 enfermedades. Venezuela, Surinam y Perú son los países más afectados por ellas.

SALUD. La deforestación en la Amazonía está vinculada a 21 enfermedades. Venezuela, Surinam y Perú son los países más afectados por ellas.

Foto: Paula Prist

La deforestación en la Amazonía no solo destruye la selva: también favorece la aparición de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y transmitidas por mosquitos. Un nuevo estudio revela que la degradación ambiental y la falta de reconocimiento legal de los territorios indígenas están asociadas a una mayor incidencia de estos males.

El estudio, publicado en Nature Communications Earth & Environment, precisa que, entre 2001 y 2019, se reportaron 28’429.472 casos de 21 enfermedades en la cuenca amazónica. Venezuela, Surinam y Perú mostraron la mayor incidencia.

Los hallazgos resaltan la importancia del reconocimiento legal de tierras indígenas para mitigar estos impactos. “Nuestros resultados son bastante claros en que la capacidad de estos territorios para proteger contra enfermedades es mayor cuando están legalmente reconocidos y la cobertura forestal está por encima del 40%”, dijo a OjoPúblico Filipa Palmeirim, coautora principal.

Fany Kuiru, coordinadora general de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), explica que, cuando hay control territorial, se evita la deforestación, los incendios y se protege el territorio de cualquier forma de degradación. “Como concluye este estudio, es cierto que los bosques y la conservación de la biodiversidad está en los territorios indígenas y es sinónimo de controlar enfermedades”, subraya.

Estamos hablando de enfermedades altamente transfronterizas”, advierte Paula Prist.

La investigación señala que el incremento de enfermedades asociadas a la deforestación debe abordarse a nivel regional, ya que las partículas contaminantes (PM2.5) liberadas por los incendios han mostrado impactos transfronterizos. El análisis mostró altos niveles de este material en Perú y Surinam, arrastrados principalmente desde Brasil y Colombia.

Estos hallazgos —sostienen las autoras— confirman que los efectos del fuego deben abordarse a escala de todo el bioma amazónico. “Estamos hablando de enfermedades altamente transfronterizas. Un vector puede desplazarse fácilmente de un lugar a otro y la apertura de nuevas vías podría ser realmente peligrosa, porque parte de la Amazonía sigue siendo desconocida”, advierte Paula Prist, coautora principal del estudio.

La investigación analizó dos décadas de datos sanitarios de ocho países amazónicos para evaluar cómo los incendios forestales, la fragmentación de los bosques y el reconocimiento legal de los territorios indígenas influyen en la incidencia de enfermedades.

El proyecto surgió en un contexto crítico: durante la pandemia y bajo la presidencia de Jair Bolsonaro en Brasil, cuando se buscaba abrir territorios indígenas a la explotación minera. “Empezamos a ver estudios que demostraban la importancia de estas tierras para la conservación y el cambio climático, y pensamos que, probablemente, también impactan en la salud humana”, cuenta Paula Prist.

Tras dos años y medio de trabajo, la investigación abarca a toda la Amazonía y confirma que la titulación y conservación de los territorios indígenas no solo preservan la biodiversidad, sino que también contribuyen a reducir la incidencia de enfermedades.

Pueblos indígenas de la Amazonía
PROTECCIÓN. Estudio confirma que reconocer y conservar territorios indígenas preserva la biodiversidad y reduce enfermedades.
Foto: Paula Prist

 

"Este nuevo estudio, junto a muchos más, da visibilidad a la relación entre la salud y la conservación y [el] uso sostenible de los bosques amazónicos. La conclusión es que debemos poner más esfuerzo en los procesos de formalización de las solicitudes de reconocimiento de los territorios indígenas", recalca Armando Valdés, investigador de la organización en salud y cambio climático The Lancet Countdown, que no participó en el estudio.

Los hallazgos, publicados este jueves, se suman a una reciente investigación que estimó que la deforestación en América Latina está asociada con unas 2.520 muertes prematuras por golpes de calor cada año. Los autores encontraron que más del 70% del calentamiento local observado en las áreas deforestadas de la región fueron inducidas por la deforestación, mientras que el resto se atribuyó a la crisis climática.

En la misma línea, otro reciente artículo confirmó que la deforestación también es la responsable del 74% de la reducción de precipitaciones en la Amazonía. “Estos hallazgos subrayan la importancia de mantener y restaurar la cubierta forestal en la Amazonía, como una estrategia crucial para mitigar el cambio climático y garantizar la estabilidad de los ecosistemas”, aconsejan los autores.

Los hallazgos llegan justo antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP30, que se celebrará en Brasil. En las negociaciones internacionales de ese encuentro, la protección de los bosques y del territorio indígena será un tema central.

 

Estragos de la deforestación

En 2024, los incendios en la Amazonía destruyeron 28.000 km² y causaron estragos en la salud y la economía. La reciente investigación da cuenta de que el problema es crónico y de gran escala: entre 2001 y 2019, se quemaron 532.571 km2 cada año.

Brasil concentró la mayor superficie quemada (372.281 km²) en todo el periodo, seguido por Bolivia (121.189 km²) y Colombia (21.956 km²). Sin embargo, proporcionalmente, Bolivia fue el más afectado, con casi 16% de su Amazonía dañada.

Los impactos provocados por los incendios —explican las autoras— no se limitan a la pérdida de cobertura boscosa y biodiversidad. También abarcan a la salud de las personas: las partículas contaminantes (PM2.5) se desplazan con el viento y pueden afectar a poblaciones situadas hasta 500 km de distancia.

“Brasil tuvo los niveles más altos de PM2.5, con 45 toneladas por año por metro cúbico, seguido de Perú (7,21 toneladas) y Bolivia (6,33 toneladas)”, concluye el estudio.

La conclusión es que debemos poner más esfuerzo en el reconocimiento de los territorios indígenas”, recalca Armando Valdés.

La exposición a este humo se ha asociado a problemas respiratorios, cardiovasculares, derrames cerebrales, enfisema —enfermedad pulmonar crónica—, cáncer de pulmón y aumento general del riesgo de muerte. Estas afecciones asociadas a incendios representaron el 80,3% de los más de 28 millones de casos reportados entre 2001 y 2019.

La investigación también evidenció que la deforestación, ya sea por incendios o por cambio de usos del suelo, influye directamente en la propagación de enfermedades zoonóticas, que representaron el 19,7% de los casos reportados en toda la Amazonía. Al perder sus hábitats, los mosquitos, animales y patógenos se desplazan y terminan acercándose más a las comunidades.

El estudio concluye que esa fragmentación del bosque crea un terreno fértil para que surjan y se expandan. La investigadora Paula Prist pone como ejemplo los contagios por leishmaniasis cutánea —una enfermedad transmitida por insectos—, que tienden a aumentar en zonas donde hay grandes extensiones de bosque fuera de tierras indígenas.

Una mayor cobertura dentro de los territorios indígenas, en cambio, tiende a reducir la incidencia. “Esto demuestra que no se trata solamente de la cantidad de bosque, sino también del manejo que se le da”, subraya Prist.

Incendios en la Amazonía
INCENDIOS. La investigación revela que, entre 2001 y 2019, ardieron en la Amazonía 532.571 km² cada año.
Foto: Paula Prist

 

Titulación de tierras

Uno de los principales descubrimientos de la investigación se centra en el papel de la titulación de territorios indígenas para reducir los impactos en la salud. Los resultados indican que las enfermedades ligadas a incendios solo disminuyen en municipios con más del 45% de su bosque protegido dentro de tierras indígenas.

En el caso de las enfermedades zoonóticas, la relación es más compleja. Aun así, los territorios indígenas pueden disminuir los riesgos, si cubren más del 40% del municipio. “Es un tema complicado porque depende de cómo se usa y conserva el bosque dentro y fuera de los territorios. Cuando hay suficiente cobertura forestal, se puede reducir el efecto negativo”, explica Filipa Palmeirim.

Seguimos luchando para titular, al menos, 100 millones de hectáreas en toda la Amazonía”, resalta Fany Kuiru.

La investigación señala que el manejo ancestral que las comunidades tienen del territorio ha permitido a los pueblos indígenas desarrollar formas sostenibles de convivencia con la naturaleza. Para Fany Kuiru, de Coica, la selva no solo garantiza salud y alimentación, sino que también es la base de la cultura y la identidad de sus pueblos.

“Nosotros tenemos un arraigo con nuestro territorio diferente al que tiene un foráneo, cuya relación es de producción. En cambio, el de nosotros es la conservación. Es un conjunto de aspectos culturales e identitarios que hacen que el bosque se mantenga en pie”, afirma.

Por ello, el investigador Armando Valdés considera que la participación de los pueblos indígenas en los procesos de investigación y diseño de políticas es vital. "No solo por el tema del conocimiento ancestral con el que cuentan en relación al bosque, su complejidad y su manejo sostenible, sino también por un tema de justicia y descolonialización de los procesos de investigación y toma de decisiones sobre el territorio", dice.

Líderes indígenas de la Amazonía luchan por el reconocimiento de sus territorios
RECONOCIMIENTO. Las organizaciones indígenas de la Amazonía continúan luchando por la titulación de 100 millones de héctareas. 
Foto: Coica

 

No todas son buenas noticias: la investigación advierte que los equilibrios logrados a través del manejo ancestral son frágiles y pueden verse alterados por cambios socioeconómicos y ambientales. Fany Kuiru coincide con esa conclusión y advierte que la deforestación, los incendios y la expansión de la minería están generando graves impactos. “Así como la Amazonía va camino al colapso, la cultura de sus cuidadores también”.

La lideresa indígena recuerda, asimismo, que los avances en la titulación de tierras indígenas varían según el país. Kuiru pone como ejemplo Colombia, donde estas tierras cuentan con seguridad jurídica y se reconocen como propiedad colectiva legal de grandes extensiones; mientras que, en Ecuador, se entregan parcelas más pequeñas, que no garantizan la protección de los pueblos.

En países como Surinam, los pueblos indígenas ni siquiera están reconocidos en la constitución. Bolivia, Perú, Colombia y Venezuela, en contraste, se conciben como naciones multiétnicas y pluriculturales. “Seguimos luchando para titular, al menos, 100 millones de hectáreas en toda la Amazonía, para evitar que llegue al punto de no retorno”, concluye Kuiru.

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