Noctámbulos y evasivos, los murciélagos rondan entre los árboles y no es tan fácil conocer sus hábitos. Por eso, lo que la mayoría de personas cree que sabe sobre ellos es una ficción. “Tenemos décadas de información inexacta, de mitos y leyendas acerca de murciélagos, a través de libros, películas. Tanta fantasía sobre los murciélagos y la sangre, muchas cosas que son inexactas, incluso falsas y la gente lo cree”, dice Jorge Carrera, del Programa de Conservación de Murciélagos de Perú.
Dentro de los mamíferos, ellos son el segudo grupo más diverso. De las 1.500 especies que existen solo tres se alimentan de sangre. “La gente se mete a las cuevas y los apedrea o los quema, creen que todos chupan sangre”, dice uno de los principales investigadores de esta especie en América Latina: el biólogo Bernal Rodriguez-Herrera, investigador y explorador de National Geographic.
Aunque nadie sabe con exactitud cuántos murciélagos existen en el mundo, sí se sabe que en una sola cueva —lugares sin luz, aislados, fríos, donde suele asociarse la presencia de estos animales— pueden vivir millones de individuos. Pero no todos viven así.
De las 22 especies de murciélagos tienderos identificadas, siete viven solo en la Amazonía, nueve en Mesoamérica y cuatro están presentes en toda Latinoamérica.
Bernal Rodriguez-Herrera estudia a una especie de murciélagos que construyen sus propias casas. Este grupo elabora sus hogares con hojas, como si se tratara de una tienda, y se resguardan dentro de estas. Se les llama “murciélagos tienderos”.
De las 22 especies de murciélagos tienderos identificadas, siete viven solo en la Amazonía, nueve en Mesoamérica, cuatro están presentes en toda Latinoamérica, y dos únicamente en la Mata Atlántica, una región que comparten Brasil, Paraguay y Argentina.

INVESTIGADORES. Bernal Rodriguez-Herrera y Debora Elías Díaz, como parte del proyecto Leaf Architects, trabajan para conservar el habitat de las murciélagos.
Foto: Rodrigo Medellín
Muy pocos animales tienen la capacidad de modificar el entorno para construir su refugio; la mayoría se esconde donde puede o se mimetiza con el paisaje para pasar desapercibido. Sin embargo, las especies de murciélagos constructores de tiendas, modifican el follaje de algunas plantas de su entorno haciendo cortes con su mordida.
“Son cortes estratégicos en algunas partes de la nervaduras para generar ciertos pliegues en la hoja y crear así un tipo de tienda de campaña. Ellos puedan estar ahí dentro protegidos de la lluvia, del viento, de depredadores. Además, en estos sitios hay temperaturas más idóneas, más frescas para que ellos puedan percharse o colgarse ahí durante las horas diurnas”, explica Daniel Ramos Huapaya, investigador del Laboratorio de Ecología y Conservación de Vertebrados Terrestres dirigido por Rodrigo Medellín, uno de los especialistas en murciélagos más reconocidos del mundo.
Arquitecturas diversas
“Es cautivador tratar de comprender cómo los animales también necesitan de un lugar físico para habitar y suplir sus necesidades específicas como el cuidado de sus crías, descanso, defensa y alimentación”, le dice a OjoPúblico Debora Elías Díaz, una de las investigadoras del proyecto Leaf Architects, que ha logrado identificar siete “arquitecturas” o patrones de corte de hojas en más de 100 especies de plantas conocidas usadas para edificar sus tiendas de campaña en medio de los bosques.
Los murciélagos son difíciles de observar, pero los investigadores han logrado, con mucha paciencia observarlos en los bosques y han instalado cámaras para registrar cómo construyen sus aposentos hechos con hojas de plantas cercanas.
Además del uso de cámaras, Debora Elías explica que también realizan recorridos en busca de plantas que han sido utilizadas como tiendas por las especies de murciélagos. “Si las plantas se encuentran a gran altura, con ayuda de los binoculares, observamos las hojas y hacemos el reconocimiento de marcas características en la lámina de la hoja, es decir, cortes que los murciélagos realizan a través de mordeduras, para dar forma a la tienda”.

EN PELIGRO. "La gente se mete a las cuevas y los apedrea o los quema, creen que todos chupan sangre", dice el biólogo Bernal Rodriguez-Herrera.
Foto: D. Elías Díaz y K. Barrantes
La investigadora señala que hasta el momento se han reconocido ocho tipos de arquitecturas: apical, bífida, bote invertido, bote apical, cónica, pinnada, paradoja o sombrilla.
“La identificación de estas características nos permite tener una idea de la especie que la utiliza, aunque esto no sigue una relación uno a uno, ya que una misma especie puede construir distintos tipos de tiendas con arquitecturas diferentes”, aclara la investigadora. Luego, si la tienda se encuentra habitada, su equipo toma fotografías del o los individuos. Se realiza un registro del número de individuos y se describe si hay presencia de crías, que dependiendo de la especie, pueden ser reconocidas entre individuos adultos.
Aunque nadie sabe con exactitud cuántos murciélagos existen en el mundo, sí se sabe que en una sola cueva pueden vivir millones de individuos.
De las 22 especies de murciélagos arquitectos, hay una que es la Ectophylla alba o “bolas de algodón”, como los llama Bernal Rodriguez-Herrera. Estos pequeños murciélagos, muy blancos como el algodón, pesan solo entre 6 y 8 gramos y construyen sus casas al amparo de las largas y verdes hojas de la heliconia.

MURCIÉLAGOS BLANCOS. La especie Ectophylla alba construye sus casas en las hojas de la heliconia.
Foto: Bernal Rodriguez Herrera
Una red de guardianes de murciélagos
Las casas juegan un papel clave en la dinámica de los ecosistemas donde habitan los murciélagos. “Podemos encontrar tiendas que son utilizadas como sitios de alimentación o lo que denominamos tiendas comederos, en donde, durante la noche transportan frutos que son consumidos ahí”, cuenta el investigador Daniel Ramos.
Este comportamiento beneficia también al bosque. Al comerlas en lo alto de los árboles, las semillas caen al suelo y pueden formar una nueva planta que después le dará más frutos.
El rol ecológico de los murciélagos como dispersores de semillas ha permitido durante mucho tiempo el mantenimiento de la vegetación y la generación de diversidad.
Pero su aporte hacia los ecosistemas va más allá. También ayudan a controlar plagas, como sucede con los murciélagos insectívoros (que comen insectos).

REFUGIO. Una veintena de especies de murciélagos construyen sus viviendas en bosques Amazónicos y Mesoamérica para escapar de sus depredadores.
Foto: D. Elías Díaz y K. Barrantes
“Tenemos otros que son menos comunes: los que comen peces, que tienen unas adaptaciones muy importantes para alimentarse de estos pescados y funcionan como controladores de las poblaciones; sin estos murciélagos se pueden generar algunas disrupciones muy importantes en los ecosistemas acuáticos”, explica Juan Pellón del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Las especies de murciélagos constructores de tiendas, modifican el follaje de algunas plantas de su entorno haciendo cortes con su mordida.
Precisamente, con el objetivo de protegerlos y promover la investigación científica de estas especies, en 2007 se creó la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos (Relcom), que reúne a profesionales expertos de 23 países.
Una de las preocupaciones que un grupo biólogos de esta red ha alertado es el síndrome de la nariz blanca, una enfermedad producida por hongos que afecta a ciertas especies de murciélagos que hibernan y que ha sido documentada en Norteamérica. “Existe un monitoreo constante en las especies latinoamericanas en previsión de que esto pueda ocurrir [aquí], pero hasta el momento no tenemos nada”, asegura Jorge Carrera.
Durante la pandemia, los murciélagos también tuvieron mala prensa. En Perú llegaron a incendiar cuevas repletas, los culpaban de ser una de las especies que podría haber transmitido el virus de la Covid-19 a los humanos.
De todos los mamíferos del mundo, los murciélagos son el segundo grupo más diverso: hay más de 1.500 especies. La mayoría no son “chupasangre”. De todas, solo tres se alimentan de sangre, el resto son frugívoros (frutas), nectarívoros (néctar), insectívoros (insectos) o piscívoros (peces). También son los únicos del orden Chiroptera, cuya etimología hace referencia a una característica morfológica única: “mano alada” (cheir: mano, pteron: ala).
Pero el miedo a estos animales sobre todo ha estado presente en la cultura occidental, porque algunas culturas indígenas los respetan y protegen. En Mesoamérica, los mayas rendían culto a la figura de los murciélagos como dioses. Los incorporaron a su diversidad cultural y religiosa, y “jugaron un papel importante en las representaciones religiosas, especialmente por sus características únicas como el vuelo nocturno y silencioso, su dieta o la forma de su cuerpo al tratarse de un mamífero con alas”, “explica Rodríguez-Herrera.
Han sido reconocidos con diferentes nombres, pero con significado semejante, algunos ejemplos: Zotz en maya, Camazotz en tzotzil y Tzinacan en náhuatl”, detalla Debora Elías Díaz, bióloga que forma parte del Programa de Conservación de Murciélagos de El Salvador (Pcmes).