La resistencia a los antibióticos también afecta a nuestros bolsillos

La resistencia a los antibióticos también afecta a nuestros bolsillos
María Pons

Microbióloga

Las bacterias multirresistentes provocan pérdidas gigantescas: alrededor de 1 millón de personas fallecen al año por infecciones de este tipo y los costos para la economía global ascienden a USD 100 billones. En Perú, los gastos directos para curar una infección en un recién nacido equivalen a más de un sueldo mínimo, advierte un nuevo estudio realizado en Lima. El monto es 23% más alto que con una infección bacteriana con cepas comunes no resistentes, explica Maria Pons, microbióloga especializada en resistencia antimicrobiana e investigadora de la Universidad Científica del Sur.

COSTOS. Tratar una infección por bacterias resistentes en un recién nacido cuesta USD 349, es decir, más que un sueldo mínimo.

COSTOS. Tratar una infección por bacterias resistentes en un recién nacido cuesta USD 349, es decir, más que un sueldo mínimo.

Foto: Andina

Cada vez que leemos titulares sobre infecciones causadas por bacterias resistentes o sobre fallecimientos provocados por estas, pareciera que se trata de situaciones o cifras lejanas, que afectan “a otros”. Pero ¿qué pasaría si realmente fuéramos parte de ello? ¿Y si fuera uno de nuestros hijos, hermanos, padres, madres o nosotros mismos los que lucháramos contra una infección que no responde al tratamiento con antibióticos (antimicrobianos)?

Los antibióticos cambiaron la historia: a partir de su hallazgo, las infecciones causadas por bacterias podían ser tratadas eficazmente y evitar numerosas muertes. Pero, en las últimas décadas, esta situación ha cambiado. Las bacterias, ahora, tienden a ser más resistentes a varios antibióticos, lo que dificulta el tratamiento de infecciones que, antes, eran fáciles de curar.

Esto sucede por el mal uso o el abuso de antibióticos en la medicina, la agricultura y la ganadería. Se estima que cada año un millón de personas mueren por infecciones resistentes a los antibióticos en todo el mundo. La cifra podría incrementarse hasta 10 millones para 2050, según estimaciones de Review on Antimicrobial Resistance (AMR), una comisión de expertos formada en 2014 para analizar el problema mundial del aumento de la resistencia a los antibióticos.

Se estima que cada año un millón de personas mueren por infecciones resistentes a los antibióticos en todo el mundo".

Aparte de poner en riesgo numerosas vidas, estas infecciones causadas por bacterias están asociadas a un costo económico considerable y, si son resistentes a los antibióticos, son todavía más caras de tratar. Así lo detalla, el reciente estudio Direct economic costs related to antimicrobial resistance in bloodstream infections isolated from newborns in a perinatal hospital in Peru realizado en Lima y publicado en la revista especializada International Health.

RESISTENCIA. Las bacterias, ahora, tienden a ser más resistentes a varios antibióticos, lo que dificulta el tratamiento de infecciones.
Foto: Andina

 

La investigación estimó el costo económico directo de las infecciones bacterianas en sangre en un hospital perinatal: comparó las infecciones por cepas multirresistentes (MDR) con las no multirresistentes y detectó que tratar una infección con bacterias resistentes en un recién nacido cuesta USD 349 —más de un sueldo mínimo— frente a los USD 276 que invierte una familia para tratar una infección no resistente. Ninguno de esos montos incluye ni salarios de personal del hospital, costos por dejar de ir a trabajar, ni uso de equipos…

En otras palabras, los resultados evidencian que la resistencia antimicrobiana no solo incrementa el riesgo clínico, sino también el impacto económico tanto para los bolsillos de las familias como en los sistemas de salud.

 

¿Por qué estas cifras deben preocuparnos?

Cuando escuchamos números globales —como "millones de personas infectadas" o "millones de muertes"— es fácil que nuestra mente genere una especie de escudo psicológico: "Eso no tiene nada que ver conmigo".

Sin embargo, la resistencia antimicrobiana (RAM) está más cerca de lo que creemos. Amigas que deben tomar varios antibióticos para sanar una simple infección de orina, infecciones respiratorias que no mejoran aún con el segundo antibiótico, aumento de las infecciones quirúrgicas porque las bacterias que tenemos en la piel ya no responden a los antimicrobianos de profilaxis… y así un largo etcétera. 

Ni qué decir de los casos más severos: personas hospitalizadas con una infección en el torrente sanguíneo —que debe ser eliminada cuanto antes— y no responden al tratamiento. 

¡Qué poco valoramos a los antimicrobianos en nuestra sociedad! Antes de su uso, podíamos morir de una simple herida infectada o de una infección dental. Además, los antimicrobianos permitieron desarrollar cirugías complejas, trasplantes y terapias contra el cáncer ¡Qué oda a los antimicrobianos! Sí, pero la resistencia a ellos ya es realidad.

Por consiguiente, las bacterias que nos causan infecciones cada vez responden menos a los tratamientos que deberían eliminarlas. Independientemente de si esos antibióticos llegaron a nosotros a través de la comida, el entorno o el contacto con otras personas, es claro que están entre nosotros.

Las bacterias resistentes, no solo prolongan la estancia hospitalaria. También vuelven más difícil el tratamiento y obliga a los especialistas a usar antibióticos más caros o con más efectos secundarios. No solo causan muertes, sino que también incapacitan más días y causan malestares más prolongados. Y, además de todo eso, destinamos más recursos del sistema sanitario.

Las bacterias que nos causan infecciones cada vez responden menos a los tratamientos que deberían eliminarlas".

A escala global, las pérdidas económicas son gigantescas: se proyecta que la RAM podría generar costos adicionales a la economía global de hasta USD 100 billones [100 millones de millones de dólares] —el impacto en el PIB mundial podría llegar a USD 1,7 billones, si las tasas de resistencia empeoran en ciertos países—, según el documento de trabajo Modelling the Global Economic Impact of Antimicrobial Resistance in Humans.

En Perú, el tratamiento de un solo recién nacido equivale a casi un salario mínimo mensual, impacto que recae directa o indirectamente en la población. Lo cual lleva a preguntarse ¿quién paga la RAM en Perú? En primer lugar, las familias. Estas enfrentan copagos de seguros, medicinas fuera del sistema, transporte al hospital, pérdida de ingresos. El otro que asume los costos (hospitalarios y de tratamiento) es el Estado, a través del Ministerio de Salud (Minsa) y EsSalud, lo que afecta la disponibilidad general de recursos.

Ese costo, que empieza como una cifra en dólares, se convierte en comida que falta, un colegio cancelado, retraso en obras sanitarias. Inequívocamente es un problema de todos. Por ello, es vital que mujeres y hombres peruanos entendamos que la resistencia antimicrobiana no es un tema “de laboratorio” o “de ciencia lejana”. Es una amenaza que nos afecta en lo personal y a nuestros próximos, afecta al bolsillo de todos y compromete nuestra capacidad como país para invertir en desarrollo.

 

 Retos comunes 

Como sociedad, necesitamos comprender cuándo y cómo usar los antibióticos de manera correcta. Para eso, es fundamental la toma de conciencia y las estrategias de comunicación y educación comunitaria.

Otra clave es fortalecer la prevención. Por ejemplo, a través de la aplicación de vacunas para prevenir infecciones bacterianas, mejores controles de infecciones en hospitales, lavado de manos.

En tercer lugar, necesitamos políticas públicas sólidas. En concreto, invertir en vigilancia microbiológica en los centros de salud, correcta prescripción de antimicrobianos, acceso a antibióticos de calidad, financiamiento adecuado, fiscalización de la venta con receta de antimicrobianos.

La resistencia a los antibióticos no es una amenaza difusa. Está en nuestros hospitales, en nuestro día a día, en nuestra economía doméstica e implican pérdidas de tiempo, de salud, de trabajo, de oportunidades. Como sociedad necesitamos bajar esas barreras de distancia emocional, entender lo que está en juego, y actuar ahora. Por nuestros hijos, por nuestros padres, y por nuestro futuro como país.

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